Por: Rafael Orduz

El voto de los jóvenes: empleo y educación

EL FALLO DE LA CORTE CONSTITUCIOnal hace sentir que la democracia en Colombia no es un concepto vacío.

El referendo, lleno de vicios de forma y contenido, no podía pasar, a pesar de la enorme presión de los defensores del “Estado de Opinión”, la supuesta fase superior de la expresión popular.

Abierto el abanico político, a menos de dos semanas de las elecciones para Congreso y tres meses de las presidenciales, los candidatos están obligados a proponer soluciones viables a los más candentes problemas del país, comenzando con el desempleo.

De acuerdo con los últimos datos del DANE (febrero 2010), más de tres millones cien mil personas carecen de empleo. Los más afectados son los jóvenes.

Las cifras gruesas del desempleo son aterradoras. En ciudades como Pereira o Popayán, la tasa de desempleo es superior al 20%. En las trece principales ciudades, mayor al 15%. Los jóvenes son los que más sufren el desempleo. Prácticamente el 30% de la población en edad de trabajar está entre los 14 y los 26 años. En esa franja, justamente, están los mayores índices de desempleo. En las trece áreas metropolitanas mayores el desempleo de las mujeres entre 14 y 26 años es del 25% y el de los hombres del 20%, de lejos más grave que el promedio nacional para todas las edades (DANE, Encuesta Continua de Hogares, Dic. 09).

A pesar de los años de gran crecimiento económico (2002-2007), la tasa de informalidad es cercana al 60%, similar a la de años de recesión (como en 1999). Recuérdese que, según las definiciones del DANE, se pertenece a la categoría de “ocupado” si se ha trabajado al menos una hora remunerada en la semana de referencia, de modo que las legiones de subempleados son enormes.

El desempleo afecta a los jóvenes con diversos tipos de formación, incluidos los que obtienen algún grado en la educación superior. El sistema educativo superior colombiano lanza al mercado más de 150 mil graduados al año, algunos de los cuales deben conformarse con trabajos temporales, frecuentemente no asociados a los estudios realizados y muchos con la frustración del desempleo y el subempleo.

Detrás está la problemática de la calidad y la pertinencia de la educación básica y superior, y la de sus costos. Y más allá, temas como la formación de formadores y la enseñanza de lenguas extranjeras.

Mientras la población de importantes países avanzados envejece y se discuten las consecuencias de contar con un número insuficiente de jóvenes y trazan políticas para atraer jóvenes profesionales extranjeros, en Colombia desperdiciamos la oportunidad de contar con ellos.

Casi tan trágico como la modificación de los articulitos constitucionales resulta contar con una democracia formal que reproduce políticos sin agendas de solución para los problemas básicos de los jóvenes, apáticos en política por la corrupción y el “nada que ver” de la misma con sus vidas.

Empleo y oportunidades de educación de calidad son los dos temas prioritarios de los jóvenes que, de paso, representan el mayor potencial votante.

 

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