Por: Patricia Lara Salive

El voto en blanco: ¿bobada o cobardía?

Como no les gustan Iván Duque ni Gustavo Petro, algunos fajardistas y delacallistas entusados anuncian que votarán en blanco para no tener que escoger entre los dos extremos.

Seguro insisten en esa posición porque así tranquilizan su conciencia. Sin embargo, es sano para la siquis asumir las consecuencias del voto: al votar en blanco, no se hace cosa distinta que ayudar a elegir al que quedó de primero, por más lejano que él, o sea Duque, haya estado de los planteamientos de Fajardo o De la Calle. Claro que votando en blanco se evita el costo político, social y personal que implica adoptar una posición más difícil, pero más inteligente, como es influir para lograr un compromiso político con el temido Gustavo Petro (quien de paso siempre ha estado más cerca que Duque de los programas de Fajardo y De la Calle), con el fin de que conforme un gobierno de coalición que lo sitúe más hacia el centro y que garantice que este país no se convierta en otra Venezuela.

Sí, efectivamente es más cómodo decirse: yo no me unto, me mantengo inmaculado (a), voto por la honestidad, por la transparencia y por la anticorrupción; me sumo al voto en blanco (que no tiene ningún efecto práctico porque, así este gane, el presidente elegido será el que obtenga el mayor número de votos), veo los toros desde la barrera y permito y facilito, sin reatos de conciencia, que suba Duque y que gobierne su jefe y mentor, Álvaro Uribe, el más temido y el más cuestionado por hechos criminales (leer, entre otras, las columnas de Cecilia Orozco y Daniel Coronell).

Así, después, critico desde afuera y promuevo un partido de los Blancos, Honestos e Impolutos el cual, con Duque-Uribe en el poder, jamás tendrá oportunidad de gobernar, porque se revertirá la paz, se cambiarán la Constitución y las reglas del juego y se reducirá la justicia a su más mínima expresión, para que solo unos paguen por sus fechorías y otros, encabezados por el gran jefe, queden impunes por los siglos de los siglos. Por algo, Daniel Coronell, cuya columna de esta semana se titula “El que la hace la paga”, concluye: “la frase que sirve de título a esta columna se convirtió en el estribillo de Iván Duque. La consigna representa su promocionado compromiso con la cultura de la legalidad. Quizá le llegue la oportunidad de demostrar que no es solamente un eslogan. Su jefe, a quien él llama ‘presidente eterno’, no solo la hizo, sino que la sigue haciendo”.

Reflexionemos, por favor: el voto en blanco propicia el desastre, que no es otro que la consolidación de Uribe en el poder. No es cierto, como escribió mi querido colega Andrés Hoyos, que “la alternativa de afiliarse a las candidaturas extremistas vigentes” conduzca “a la catástrofe”. No es cierto porque esa alternativa ya se dio, es irreversible, no hay otra, es la única que existe, no hay nada que hacer: el presidente será Duque, mejor dicho, Uribe, o será Petro.

Amigos, más bien seamos valientes, pongámonos la mano en el corazón y pensemos a cuál elegimos: ¿a Petro o al candidato de Popeye?

***

Humberto de la Calle: gracias por haber logrado la paz. El país se lo está reconociendo. Muchos hemos colaborado con Una Vaca por De la Calle. Y estamos en mora de hacerle un gran homenaje. ¡Se lo merece!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

 

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