Eldorado ¿sí o no?

En abril 8 de 2009 escribí en Escala y Esfera Pública sobre la eventual demolición de Eldorado: “No es tiempo para una declaratoria…porque…Opaín ya tiene un contrato para la demolición, y la Aerocivil una cláusula para multarlo por incumplimiento”.

Según las últimas informaciones de El Espectador, mi afirmación estaba equivocada porque la decisión no se ha tomado. La confusión se puede rastrear en el archivo digital del periódico en cuatro informes publicados entre septiembre-2008 y junio-2009.

 La demolición se da como un hecho por primera vez en la Sección Bogotá el 18 de septiembre-2008. La columna titulada “El aeropuerto Eldorado será demolido”, decía: “El director de la Aeronáutica Civil, Fernando Sanclemente, oficializó este jueves que se demolerá el actual aeropuerto”. Posteriormente, el 22 de abril-2009 aparece de nuevo en la misma sección: “El edificio del aeropuerto internacional Eldorado quedó condenado a muerte. La sentencia tuvo forma de acuerdo, un trato entre el Gobierno, la Aeronáutica Civil y el concesionario Opaín”.

La información más reciente es otra. El 14 de mayo-2009 se dijo en la Sección Negocios que la demolición estaba “en vilo” y que: “A las 11 de la noche del pasado 12 de mayo la Aeronáutica Civil y el concesionario Opaín suscribieron una ampliación de tres meses al memorando de entendimiento, para definir si se mantiene el actual terminal de pasajeros (T1) o si se demuele”. Luego, el 12 de junio-2009, se tituló en esta misma sección: “El 30 de julio definirán si se tumba Eldorado”. Y ahí estamos.

Al revisar la secuencia, parecería que el tema a resolver por el comité encargado (amigables componedores) se reduce a leyes y negocios. También se verifica que los más interesados para poner a la opinión pública de su lado son Opaín y la Aerocivil, ambos inclinados a la demolición. Entre tanto, ni la Sociedad Colombiana de Arquitectos ni el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural han informado por qué el edificio actual tiene, o no, importancia patrimonial. Lo máximo que  se registra dice que la SCA “dará la pelea” para que el edificio forme parte de la lista de bienes de interés cultural. Pero tampoco hay noticia de esta inclusión.

 Si la SCA y el IDPC dieran a conocer su opinión, comprometerían a los amigables componedores a hablar del tema, cualquiera que sea su decisión; y, además, dejarían la constancia histórica del caso y evitarían repetir lo que aparentemente hizo Germán Arciniegas después de la demolición del Claustro de Santo Domingo por iniciativa del presidente Eduardo Santos y con el explícito y argumentado beneplácito de Arciniegas, hecho que como anotó Emilio San Miguel en El Nuevo Siglo el 5 de febrero-2005: “Cuando quedó claro que demolerlo fue un acto de barbarie, Arciniegas hizo lo posible y lo imposible para tender un manto de olvido sobre Santo Domingo. ¡Por poco lo consigue…!”

Se atribuye a “Catón Viejo, alrededor del año 150 a. C., durante los últimos años de las Guerras Púnicas, una afirmación que pronunciaba cada vez que finalizaba uno de sus discursos en el Senado Romano: Carthago delenda est (Cartago debe ser destruida). La expresión se utiliza para hablar de una idea fija que se persigue sin descanso hasta su realización” (tomado de Wikipedia). En mi opinión, Eldorado non delenda est, entre otras, porque es un símbolo de la ciudad. En opinión de Sanclemente, Pulido, Gallego y Uribe, “parece” que Eldorado delenda est, porque impide el desarrollo de la ciudad. La opinión de la SCA y el IDPC, al menos en los registros de  El Espectador, “parece” ser: sí pero no importa.

 Juan Luis Rodríguez. Bogotá.

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