Por: Nicolás Uribe Rueda

Elección de impresentables

A pesar de la importante y detestable influencia de la ilegalidad en los procesos electorales, vale la pena también recordarle a la opinión que esa no es la única causa del desatino a la hora de elegir servidores públicos en Colombia.

La selección de nuestros gobernantes no sólo tiene que ver con paras, narcos, guerrillas, compradores de votos y candidatos apadrinados por las administraciones de turno que resultan financiados con recursos públicos. Una interpretación de esta naturaleza simplifica una cuestión compleja y minimiza la responsabilidad de la ciudadanía, que, si quisiera, podría diluir con facilidad a través de su masiva participación la influencia perversa de la ilegalidad en las campañas políticas y elegir con votos de sobra a buenos y probos gobernantes.

Pero es que lamentablemente en el arte de elegir impresentables para el ejercicio del gobierno, también tiene su cuota de responsabilidad el predominio en la campaña de los temas de mecánica política, la ausencia de ideas y, por supuesto, el inaceptable desinterés generalizado de la ciudadanía por los temas políticos y electorales.

En cuanto a lo primero, basta decir que los anuncios de alianzas, los debates sobre reglas electorales, las peleas por las conformaciones de listas y el amor por la financiación estatal de las campañas, entre otros, lo único que hacen es reafirmar la idea mayoritaria de la ciudadanía, según la cual los políticos sólo se ocupan y preocupan de aquellos asuntos que particularmente los afectan. Sin embargo, los problemas de los políticos sólo a ellos interesan, y los ciudadanos se alejan del debate público cuando su contenido no representa sus aspiraciones y demandas. Ya son suficientes los problemas que cada cual atiende como para exigirle al ciudadano ocuparse de los asuntos que ponen a pelear a los políticos.

Pero, además, en nuestro medio es difícil lograr que las campañas puedan transmitir ideas que movilicen, apasionen y logren fidelizar electores. Los partidos no contribuyen al debate de ideas, por la simple razón de que nadie puede aportar con aquello que no tiene, y a los candidatos les resulta muy costoso financiar una campaña que promueva un programa de gobierno que sólo unos pocos están interesados en oír. Así, sólo con la ayuda del azar es posible elegir buenos candidatos, cuando de ellos nada se conoce sobre sus valores, sus principios y las ideas que representan.

Pero tal vez lo más determinante a la hora de elegir indeseables, es la despreocupación descarada y el desinterés ramplón de la ciudadanía sobre su propio destino; sobre lo que le conviene y sobre lo que debe evitar. Índices de abstención que superan el 50 por ciento son elocuentes a la hora de explicar las razones de nuestro fracaso democrático al elegir personas adecuadas para el ejercicio de los cargos.

Ojalá todos ellos, quienes por miles critican e insultan, reclaman transparencia y exigen buen comportamiento de los servidores públicos, en octubre salgan a votar y, de esta forma, no sólo derroten la ilegalidad que les preocupa, sino también su propia indiferencia, aquella que termina siendo responsable de la elección de políticos corruptos.

Twitter: @NicolasUribe

 

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