Por: Luis Carvajal Basto

Elecciones bajo riesgo

La baja en la calificación, por parte de Standard and Poor’s, nos recordó que,  además de los acuerdos con las FARC y la polarización, existen otros temas  de los que deberán ocuparse los candidatos.

Las primeras reacciones a la medida han querido observarla como una advertencia contra el populismo: si no reducimos el gasto público o aumentamos los impuestos, las cosas podrían ponerse  a peor, por el inminente encarecimiento de la deuda externa o, en el extremo, el paso de un país con un determinado riesgo de inversión a uno, sencillamente, en riesgo.

La situación de nuestra economía en los últimos 4 años ha sido complicada, pero a diferencia de América Latina en conjunto,  no hemos llegado a números tan rojos ni siquiera en los días del petróleo a 30 dólares. La cifra de crecimiento a septiembre, 1.96%, hace pensar en un cierre anual del 1.7, un poco abajo del 2.0% que conseguimos en 2016.Es una cifra maluca, pero, considerando circunstancias, decorosa.

Mientras seguimos responsabilizando  a variables externas, como la caída en los precios del petróleo y la subsecuente devaluación que encareció el componente importado, olvidamos que las alzas continuas en la tasa de interés nos permitieron controlar la inflación pero asfixiando la economía y colocándonos en la senda del receso de donde ahora nos esforzamos por salir. Claro que también tuvimos problemas de mala gestión como en los paros agrarios y camionero, en el origen de este mal momento.

Resulta sencillo criticar sobre unos hechos ya cumplidos. Sin embargo, un necesario cambio de modelo que sustituya la importancia del petróleo en la obtención de divisas y el crecimiento es una perspectiva, en cualquier caso, de mediano o largo plazo pudiendo convertirse, eso sí, en una proclama de gobierno que podría resultar rentable en términos electorales.

Las cartas están sobre la mesa: mientras el Uribismo y, más recientemente, el candidato Vargas Lleras apuestan por una reducción en los gastos del Estado y  en reducir impuestos a  sectores  empresariales para promover la inversión,  una receta populista con que Trump  ganó las elecciones ,no se conoce un planteamiento alternativo que de manera ordenada y coherente, atendiendo las nuevas circunstancias, proponga modificaciones en la regla fiscal cuyos  objetivos  se mantienen imperturbables pese a una realidad que, evidentemente, le contradice.

Una  perspectiva recesiva hace necesario un aumento en lugar de una disminución en la inversión pública. La manera como se ha venido superando la crisis de 2008 en Europa, donde la ortodoxia por la regla debió ceder ante la necesidad de promover el crecimiento, es una interesante y fresca lección acerca de  que el Estado no puede renunciar a herramientas que le permiten actuar para cumplir sus objetivos. Lo mismo hizo Obama en Estados Unidos. La regla fiscal, o cualquier regla, debe ser, ante todo, socialmente responsable; finalmente, la economía se trata, además de números en los balances, del bienestar de las personas.

El aumento del IVA fue un lapo duro que  debimos asumir y la reducción en el gasto no ha sido “suficiente”. Peor aún: si la perspectiva recesiva se mantiene no se ve otra manera de superar la situación sin un aumento decidido en la inversión pública para promover el crecimiento, aunque no sea tan popular entre las calificadoras de riesgo, sin caer en el tipo de populismo que nos llevaría a recorrer el camino ya transitado en Venezuela. Se requiere una propuesta coherente que, garantizando seguridad jurídica y económica,  comprometa al Estado con la industria, el agro y el empleo, siendo validada por una mayoría de electores.

Así que nos encontramos a la espera de un candidato con la credibilidad suficiente no solo para susurrar palabras dulces al oído de los sectores empresariales, en el sentido de recortar gastos e impuestos que serían recesivos e inexorablemente pagados por los pobres y la clase media, de paso disminuyendo las utilidades, sino para ofrecer una política responsable de reducción de gastos innecesarios, como los niveles de corrupción, acompañada de dinero barato y expansión de la inversión pública que generaría empleos y nos haría más competitivos, si se trata de invertir en educación, vías y vivienda.

Es la manera propositiva de superar el riesgo, pero no solo porque lo sugieran las calificadoras.

¡¡¡Felices  fiestas!!!

@herejesyluis

Esta columna reaparecerá el próximo enero.

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