Por: Armando Montenegro

Elecciones en Perú

ENTRE LOS PAÍSES DE AMÉRICA LAtina hay dos grupos bien marcados. Por una parte, Brasil y Chile, líderes de una región democrática, moderna y progresista que crece y que supera la pobreza.

Por otra, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, afligidos por gobiernos autoritarios, restricciones a la libertad, estancamiento y pobreza. No muy lejos, Ecuador y Argentina, con excesos presidencialistas, corrupción y desorden institucional, por ahora, parecen atrapados por la demagogia y el populismo.


El caso de Perú llama la atención. Desde hace diez años ha sido el país con mayor dinamismo económico de América Latina, con un promedio de crecimiento del PIB de cerca del 6%. Tiene grado de inversión, goza de un auge importante de inversión nacional y extranjera; diversificó sus exportaciones y profundizó su internacionalización. Hasta hace poco tiempo, en medio del auge de los precios de bienes agrícolas y de materias primas, no se preveían obstáculos para que continuara por muchos años en su ruta de progreso acelerado. Perú ha sido el milagro económico de la región en lo que va del siglo XXI.


La sucesión presidencial ensombreció el panorama peruano. El problema se llama Ollanta Humala, un candidato populista, enemigo jurado del modelo que ha asegurado el rápido crecimiento económico, la inversión extranjera, la apertura y los tratados de libre comercio. Perú, en manos de este personaje, se deslizaría hacia una situación parecida a la que padecen Venezuela, Bolivia y Nicaragua.


Hasta hace poco, Humala se veía como un temor de un pasado ya superado. En las encuestas registraba menos del 10% de la intención de voto. Los líderes eran el expresidente Alejandro Toledo y Keiko Fujimori, el primero con más del 30% de las preferencias; la segunda, con cerca del 20%.


En el último mes se registró una verdadera revolución: Toledo cayó como un plomo, Pedro Pablo Kuczynski se acercó a la punta y Humala tomó el liderazgo. Hay cuatro candidatos que, a pocos días de la primera vuelta, están separados por pocos puntos, todos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta.


En un buen número de escenarios, sin embargo, Humala va a ser uno de los dos finalistas. Lo que no se sabe es si será contra Toledo, Fujimori o Kuczynski.


La raíz de la popularidad de Humala, eso sí, se encuentra en una seria falla del modelo de modernización de Perú: si bien éste ha sido efectivo para asegurar un rápido aumento del nivel de vida del promedio de los peruanos, no ha sido capaz de incorporar al progreso a los indígenas, a las regiones más aisladas de los Andes y a los trabajadores informales de las ciudades. Ha fallado, en materia grave, en la política social, no sólo en educación y salud, sino en las acciones directas del Estado para llegar a los grupos marginados. En un país con graves desigualdades, donde el progreso no beneficia a todos, aquellos que sienten que el tren los está dejando atrás se apegan a los llamados del rencor y el resentimiento de razas y de clases; siguen el engañoso llamado redentorista del populismo primitivo de Humala.


Se avecinan semanas de gran intensidad, de aguda confrontación política, en las cuales se sabrá si Perú seguirá su camino de modernización, ojalá con políticas sociales que incorporen a todos sus habitantes, o si caerá en el pantano del atraso y la pobreza, a la manera de Bolivia, Venezuela y Nicaragua.

 

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