Por: Luis Carvajal Basto

Elecciones: entre lechona y opinión

Las grandes ciudades y el voto de opinión, el resto del país y lo que se llama “Clientelismo”. El fraccionamiento de los Partidos, las mayorías del liberalismo. El papel de los medios. Detalles de estas elecciones.

Las grandes ciudades y el voto de opinión, el resto del país y lo que se llama "Clientelismo". El fraccionamiento de los Partidos, las mayorías del liberalismo. El papel de los medios. Detalles de estas elecciones.

Si algo caracteriza estas elecciones es la consolidación de dos formas de practicar la política. Las grandes ciudades influenciadas por la imagen de los candidatos, el papel de los medios y el voto de opinión y el resto del país en donde subsiste la compra de votos, el cacicazgo, la teja, el cemento y ahora, las grandes rumbas y la" compra" de militantes en ausencia de Partidos. Pero el objetivo es el mismo: la administración y el uso de los recursos públicos.

Está claro que en las grandes ciudades la imagen que perciben los electores pesa mas ahora que la filiación o el sentimiento partidista. Los partidos, con excepción del Liberalismo, el Polo y Cambio Radical, no mantienen una oferta nacional uniforme de candidatos. Una identidad. Los gastos de campaña se van en publicidad. Fundamentalmente en los grandes medios por que los "estrategas" de campaña han considerado que los medios modelan la opinión. Error.

En realidad está demostrado que los medios no dicen a los ciudadanos por quien votar. Pero si fijan una agenda de temas definitiva, sobre la cual deben "navegar" las campañas. Mejor dicho no cumplen el papel de "decir" por quien votar o que hacer, sino "de que" nos vamos a ocupar los electores. En general, las estrategias de campaña, en manos de periodistas y publicistas, no logran descifrar "secretos" que son muy conocidos, por ejemplo, en las campañas norteamericanas.

Pero muchos politólogos tampoco escapan a lo que llamaré "el síndrome de los medios". La semana anterior una columna de opinión en El Tiempo adjudicaba a éstos la capacidad de ponerse de acuerdo y hacer "gavilla" para imponer candidatos. Como si existiera una "mano invisible" o como si los electores no tuviesen sus particulares creencias y sentimientos partidistas que "filtran "la información que reciben. Se ve que quien escribió la columna conoce poco los procesos de formación de la opinión, pero menos acerca del país real. La influencia, existe, pero es en todo caso, plural.

La Misión de Observación Electoral, por ejemplo, acaba de presentar un estudio que muestra como, al ocuparse las elecciones, la radio, la televisión y la prensa escrita no lo hacen de manera uniforme. ¿Donde queda la "Gavilla"?

Por otra parte, en la forma de hacer política en pequeños municipios y el sector rural se ven ríos de dinero que financian grandes orquestas, los tradicionales tamales y la lechona, la teja y el cemento y como la mayor novedad: la "compra" o el alquiler de la militancia: por treinta mil pesos al día los candidatos colocan una camiseta a sus "militantes", lo que los convierte en vallas móviles parlantes.

¿De dónde sale la plata? Habría que preguntar a los candidatos y a los contratistas de las obras públicas. Lo que veo es el fracaso de un proceso de descentralización que tuvo como supuesto una participación de la ciudadanía en la gestión y fiscalización que nunca se observó. Y también de la reforma política. Cosas de una democracia perfectible, que sobrevive a la embestida del narcotráfico y los violentos.

Hablando de los resultados que vamos a observar no es difícil predecir que el Liberalismo ratificará su condición de partido mayoritario. Que la U no alcanzará ni los votos ni la dimensión electoral de Uribe y que Vargas Lleras es el único presidenciable que se jugará su futuro político. Nada más. Ah, y que Uribe, Presidente o Presidente candidato, podría reconocer las realidades electorales con unos ajustes en el Gabinete reacomodando la actual coalición. Albores del 2010 y las próximas presidenciales.

 

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