Por: Alvaro Forero Tascón

Elecciones legislativas reconfiguran la campaña presidencial

La principal conclusión de la encuesta Invamer-Gallup realizada entre el sábado y el lunes pasados, es que las elecciones parlamentarias, pero sobre todo las consultas internas de los partidos Verde y Conservador, tuvieron un efecto profundo sobre los encuestados, al punto que reconfiguraron sustancialmente la campaña presidencial.

De una carrera compacta, más o menos equilibrada entre el total de las fuerzas uribistas y no uribistas por el peso grande de los sectores indecisos, se pasó a una mayoría uribista (57.5%), que alcanza a superar el margen de error (3.3%). El iceberg de casi 20% de encuestados que no sabían por quién votar o decían no querer votar por ninguno, con las elecciones se descongeló a favor de los candidatos de los dos principales partidos uribistas, Juan Manuel Santos y Noemí Sanín.

Por lo tanto, se igualaron los números de favorabilidad presidencial con los de intención de voto por presidente, que paradójicamente se habían mantenido diferentes. Es decir, tenía razón el presidente Uribe, en que sería la maquinaria uribista y no los propios candidatos, los que alinderarían la campaña presidencial a favor del uribismo.

La encuesta muestra que el uribismo no ganaría en primera vuelta, por estar dividido entre Santos y Noemí, pero que sí lo haría en segunda vuelta, ante la entrada de éstos en primer y segundo lugar. Lo que significa que la batalla entre uribismo y no uribismo se definirá en función de cuál sector esté menos dividido, y por ahora ese es el uribismo, separado en dos partes, frente al no uribismo, separado en cinco. Por lo tanto, si la tendencia de esta encuesta se consolida, al no uribismo no le bastaría con la unión de Vargas y Pardo, o Mockus y Fajardo para pasar a segunda vuelta, sino que necesitaría unir mínimo tres candidatos, lo que parece muy difícil.

Dentro de las conclusiones individuales, la más importante es que Noemí Sanín parecería haber logrado unir a los conservadores detrás suyo (23%). Que subieron los candidatos de los partidos ganadores el 16 de marzo, Santos, Sanín y Mockus, mientras que los resultados legislativos detuvieron el ascenso de Vargas, retrasaron a Fajardo y a Petro, y estancaron a Pardo.

En materia de segunda vuelta la gran conclusión es que no hay claro ganador entre Santos y Sanín, porque Noemí alcanzaría a Santos nutriéndose de los sectores no uribistas. Y que el voto finish entre los dos podría depender de que Andrés Felipe Arias arrastre parte del voto conservador hacia Santos, dado que éste ya tiene un 23.4% de apoyo conservador, mientras Noemí solo alcanza el 17% del voto de la U.

Pero hay una circunstancia que pone a pensar sobre si la encuesta está demasiado influida por la coyuntura legislativa, y por lo tanto puede cambiar: que son demasiado parecidos los resultados con los de las elecciones legislativas, lo que no coincide con los antecedentes históricos, en que las votaciones para elegir presidente son muy diferentes a las de Congreso. El arraigo de los partidos políticos en Colombia sobre sus votantes es muy débil, lo que permitiría que fácilmente se vuelva a recomponer la campaña electoral alrededor de candidatos mas que de partidos. Pero la pregunta es si una recomposición es capaz de poner al uribismo por debajo del cincuenta por ciento, lo que parece improbable, porque el no uribismo está demasiado atomizado para que algún candidato supere a Noemí Sanín.

Sin embargo, estos resultados de la encuesta son producto de que hasta ahora no ha habido una verdadera campaña presidencial. Pero esta ya empezó, y puede tener efectos profundos sobre el electorado.

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