Por: Daniel Mera Villamizar

Elecciones locales y transición de Duque

Hoy le entregaría el poder a Fajardo, pero la historia puede cambiar.

Los resultados electorales de 2019 sugieren que Sergio Fajardo sería el más probable vencedor en las presidenciales de 2022. Los electores castigaron al gobierno Duque y al Centro Democrático, y le dieron a la oposición suficiente poder local como para que gane el poder nacional en 2022.

Para algunos, ya están respondidas las preguntas acerca de la doble transición política a cargo del presidente Duque: i) de un gobierno dominado por la centroizquierda a un gobierno de centroderecha, entre 2018-2022, y ii) “de un gobierno prosistema a una continuidad o ruptura con el sistema en 2022”.

Aparentemente, las respuestas son: i) el aparato de gobierno no ha tenido transición, solamente en unas políticas que se enuncian desde Casa de Nariño y que no alcanzan a constituir una “narrativa” abarcante; y ii) en 2022 habría continuidad con ruptura o ruptura con continuidad, dada la indefinición ideológica de Fajardo, que no es la de la izquierda que llegaría al poder con él.

Es decir, el peor de los mundos para el proyecto político que eligió a Iván Duque: castigados en aprobación popular y electoralmente, con un cambio a medias en la orientación, el aparato del gobierno nacional todavía capturado por el gobierno anterior, con precaria gobernabilidad política y social, las más importantes ciudades que pasan a manos de la oposición y la perspectiva probable de entregar la Presidencia a un presidente que reinstalaría el acuerdo con las Farc en la hoja de ruta del país.

Aquello de “produce un cambio desde la visión de centroderecha exitoso, fortalece la legitimidad del sistema y entrega el poder a un gobierno del centro político (…) como un César Gaviria: que llegó a la Presidencia aparentemente antes de tiempo y sentó las bases de un cambio que le valió una estatura propia” (me estoy citando), para algunos está descartado.

Los más pesimistas temen que a Carrasquilla se le vuelva a ocurrir una propuesta o medida impopular y Colombia “arda” como Chile. Si ya con la política de firmar lo que piden los sindicatos de docentes y los estudiantes a cambio de nada los tenemos en las calles recurrentemente, lo que ocurriría si se les proporciona una verdadera chispa es preocupante.

Para los pesimistas, vamos hacia el peor de los casos: “no logra modificar el statu quo, paga sin embargo los costos de la filiación de centroderecha y entrega el poder a un gobierno de izquierda populista. En perspectiva histórica, sería un experimento fallido”.

La buena noticia para los que preferimos el reformismo gradual y consistente con la democracia y la economía liberales es que la historia no es inexorable y en dos años puede cambiar por decisiones del presidente Duque: arma una gobernabilidad política en torno a una agenda programática de política social y económica responsable que eleve la aprobación popular, ayudado por un gabinete que les pueda competir en cambios, discurso y mediáticamente a los tigres que van a gobernar Bogotá, Cali, Medellín y Magdalena, a liderar al resto de mandatarios de oposición y a coordinarse con la oposición en el Congreso y en las calles.

En las circunstancias de hoy pasarían probablemente a segunda vuelta Fajardo y Petro. Para asegurar una continuidad lo mejor es que una verdadera coalición de gobierno, además de la agenda programática, acordara un mecanismo para llegar a primera vuelta con un candidato presidencial único y una agenda coherente multipartidista. Alta política. El presidente Duque es el llamado a jugar un rol estelar para adquirir su propia estatura histórica.

@DanielMeraV

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Elecciones locales y transición de Duque

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