Por: Luis Carlos Vélez

Elecciones, Mundial y caos

Afortunadamente esta semana empieza el Mundial de Fútbol. Sólo así el país saldrá de la monotonía de esta campaña presidencial, que entre escándalos empieza a sonar igual todos los días.

Por eso concentrémonos en Brasil 2014. Este será un Mundial recordado por tres cosas: el campeón del torneo, que probablemente será un seleccionado latinoamericano; la alegría desbordada de su fiesta y su desorden logístico.

Con tan solo llegar al aeropuerto de Río de Janeiro le queda claro al visitante que el país no está listo para el torneo. En nuestro caso, a pesar de que tres vuelos repletos de turistas llegaron al tiempo desde diferentes lugares del mundo, sólo cinco ventanillas de inmigración estaban habilitadas para el trámite.

Al llegar al centro de prensa, que queda en medio de la nada, a una hora del estadio más cercano, nos encontramos con que el sistema de credenciales estaba “caído” y sólo tras tres horas de espera pudimos obtener el documento.

Pero aunque esta jornada inicial pudo ser, quizás, una serie desafortunada de eventos, las portadas de los diarios locales dejaban claro que la pesadilla premundialista es generalizada e informaban sobre las violentas protestas que se desataron el fin de semana en São Paulo, sede de la inauguración: las principales avenidas colapsaron luego de que los trabajadores del metro se declararan en huelga para exigir un aumento de dos dígitos en sus salarios.

La organización de este Mundial ha sido un desastre. Su costo, inflado principalmente por la corrupción, superó al de los mundiales de Alemania y Sudáfrica combinados. Adicionalmente, ocho trabajadores de la adecuación de los estadios murieron durante las obras, comparado con los dos que perdieron la vida en la preparación del torneo más reciente.

Los responsables de la organización en Brasil dicen que no hay nada de qué alarmarse. Aseguran que cumplirán con lo previsto y que esta será una fiesta inolvidable.

Postdata. El partido Colombia-Grecia será determinante para el resultado de las elecciones. Si la selección gana, la gente estará animada para votar el domingo. Si el equipo pierde, la abstención podría ser incluso mayor que la de la primera vuelta y la maquinaria imposible de movilizar.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carlos Vélez

Más que serenidad

No la monten más

El adoctrinamiento

Escudos humanos

Mi novia es tan perfecta que debe estar loca