Por: Pedro Viveros

Elecciones regionales: ¿Uribe sin norte en la campaña?

El 16 de junio de 1998, luego de una negociación express, el candidato conservador Andrés Pastrana y su equipo de campaña le mostraban a Colombia y al mundo una genial foto lograda entre miembros de esa colectividad y el máximo jefe de las Farc, en aquel momento la guerrilla mas poderosa del país. Manuel Marulanda, alias Tirofijo, portaba en su muñeca un reloj con motivos alegóricos al llamado hombre del “cambio”. ¿Fue una alianza política o temática?

Hasta esa fecha las líneas discursivas del candidato del “cambio” se fundamentaron en demostrar que Horacio Serpa, su rival del liberalismo, era la continuidad del escandaloso gobierno de Ernesto Samper. Al ganarle Serpa la primera vuelta presidencial con la derrota del 31 de mayo de 1998, los estrategas del pastranismo con celeridad propusieron la idea de recibir el apoyo del jefe del secretariado de las Farc con la única intención de “patear el tablero” y meterse de lleno en el mensaje que tenía, por su amplia experiencia y conocimiento, Horacio Serpa quien abanderaba una propuesta política resumida en su idea sobre la posibilidad de tener para los colombianos durante su gestión presidencial “el camino de la paz”. Esa audacia de momento les dio el triunfo político a las huestes pastranistas, pero dinamitó desde el día del retrato la posibilidad de tener gobernabilidad durante los cuatro años del mandato del hombre del “cambio”. Pastrana ganó, pero no gobernó.

A cuatro meses de las elecciones locales y regionales, observamos atisbos de desespero en las fuerzas uribistas, leáse Centro Democrático y sus aliados, a causa de no tener un tema central para esta campaña venidera. Las victorias presidenciales de Álvaro Uribe como candidato se dieron ambas en la primera vuelta. La doctrina uribista de la Seguridad Democrática, confianza inversionista y fortalecimiento del tejido social (los tres huevitos) fueron producto del estudio juicioso, profundo y sobre todo fiel al pensamiento de Uribe desde sus inicios como figura pública en Colombia. Nunca fue producto del desespero ocasional pensado para ganar batallas electorales exclusivamente. En otras palabras: ese era Uribe y su propuesta. En esta época de cara a la próxima contienda se le nota perdido en busca de una idea genial (a lo Pastrana y su “cambio”).

Hoy el discurso que ambienta el escenario político nacional es el de la lucha contra la corrupción. Para desventura del líder máximo del Centro Democrático, ese postulado no lo refleja como opción. No voy a demeritar al expresidente y senador en su lucha contra este flagelo, pero en la actualidad esa bandera los colombianos la identifican con otros sectores afines a tendencias o movimientos nuevos de origen y pensamiento de centro o centro izquierdista. La relación corresponde a una insistente generación pos-Constitución de 1991 cansada de dos temas: la paz y la corrupción. Firmada la primera, la deuda con este país es la segunda.

En su afán por encontrar un tema que le fue generoso, el presidente Uribe recurre a una especie de puesta en escena de “su Estado de opinión” que pretende relacionarnos con las épocas en las cuales su discurso fue exitoso. Lamentablemente para el uribismo puro y duro “esos amores ya se fueron”. Es tal la avidez de este sector político, o la desmoralización por una posible derrota, que quiere convertir una problemática tan dura para padres y madres como es el consumo de droga y elevarla a una consulta estilo “séptima papeleta” para poder entrar de manera efectiva en las urnas el próximo 27 de octubre. La solución al control de la plaga que asola los parques y colegios pasa por el cedazo de las autoridades locales y de policía, sin remilgos o argucias desuetas.

Presidente Uribe, su doctrina como gobernante le funcionó. Déjenos conocer la del presidente Iván Duque, le aseguro que tiene más futuro que pasado.

@pedroviverost

 

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