Por: Uriel Ortiz Soto

Electores y elegidos

Se aproxima la nueva campaña política y con ella las promesas matizadas con discursos veintejulieros pronunciados por políticos irresponsables que todo lo ven fácil, proponen lo divinizo y lo humano, sin medir las consecuencias sociales y económicas que hacia el futuro están propiciando a las regiones que pretenden representar con sus argucias y mentiras, y de paso engañando a las nuevas generaciones que ven en ellos a sus redentores para sacarlos adelante en proyectos de vida.

Como muy seguramente la bobalicona Reforma Política, que está en su último hervor en el Congreso de la República, se convertirá en Ley, no solucionará en nada los graves vicios que se presentan en tan noble actividad, que es nada menos, que la forma de conducir los pueblos hacia sus metas de desarrollo, es apenas lógico que, a los ciudadanos que nos duele el desprestigio en que se encuentran nuestras Instituciones Democráticas y Republicanas, que en la presente legislatura y cuatrienio que termina, han sido ultrajadas, mancilladas y vilipendias, con grave deterioro para nuestras regiones, es justo que empecemos desde ahora, a tomar conciencia para exigir de los directorios, partidos y movimientos políticos, que sean mas responsables con los sujetos de elección popular, para que exista una verdura relación entre: Electores, Elegidos, y el Estado de Derecho que los regula.

Todo este sainete de vergüenzas que hemos vivido por cuenta de los elegidos en las elecciones de los últimos años, cuando miles de ellos, se encuentran en las cárceles, o huyendo de órdenes de captura emitidas por Jueces de la República, nos debe motivar para tomar conciencia y buscar por nuestros propios medios mecanismos expeditos para seleccionar los candidatos que nos han de representar en, las Corporaciones Legislativas, Gobernaciones y Alcaldías. Está plenamente comprobado que la opinión nacional no tiene la suficiente confianza en los partidos políticos, que a decir verdad, son los verdaderos responsables de todos los actos bochornosos que han venido ocurriendo en los todos escenarios de la vida nacional en los últimos años.

Cuántos departamentos, municipios, veredas, establecimientos educativos y obras de infraestructura para el desarrollo, se encuentran estancados, porque quienes las utilizaron como bandera o comodín para hacerse elegir, finalmente resultaron ser toda una estafa para sus electores, al resultar encartados con la justicia por delitos de diferente índole y tuvieron que abandonar sus curules, o sus cargos, para responder por semejante desfachatez, dejando sus regiones y comunidades a la deriva y con el amargo sabor de frustración y atraso en sus obras de desarrollo; por consiguiente, es muy importante que los ciudadanos que aspiren a cargos de elección popular se pongan a disposición de las veedurías ciudadanas, quienes someterán su hoja de vida al filtro de los organismos de control.

Lamentablemente con todo lo que ha ocurrido en el presente cuatrienio, está comprobado que las instituciones políticas no son organismos idóneos para ejercer con eficiencia y profesionalismo, la declaratoria de elegibilidad e idoneidad, de quienes aspiran ser elegidos en las elecciones del 2010, y siguientes, mientras se estructure una reforma política seria y eficiente que de plenas garantías y confianza a los electores. Lo más importante es que estas mismas veedurías ciudadanas, exijan de los candidatos el programa legislativo, o de gobierno que han de promover ante las diferentes instancias del Estado, en caso de resultar elegidos.

Considero que llegó la hora de decir basta ya, a semejante vergüenza nacional e internacional. Si revisamos los diarios impresos, manuales y videos de radio y televisión, de los últimos años, nos damos cuenta que no ha pasado un solo día, sin que se mencionen actos de corrupción en  los establecimientos  públicos.

Entendamos que los senderos democráticos, son los mecanismos electorales que otorga el Estado al ciudadano, para que se manifieste, frente a determinado acto de la vida nacional, departamental o municipal, o votando por determinado candidato en elección popular. Lamentablemente, en nuestro País, se ha abusado hasta el máximo de esta bondad estatal, no existe seriedad en el manejo de la agenda política, puesto que los partidos y movimientos que la regentan están mal estructurados, carecen de ideología y sus fines y propósitos no corresponden a las necesidades básicas de los electores y sus regiones.  

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