Por: Alvaro Forero Tascón

Elegir la seguridad con democracia

SERGIO FAJARDO SOSTIENE EN lasillavacia.com, que “Si las Farc son el tema central de la campaña presidencial, eso significa que no hemos avanzado”. Sin embargo, algunos analistas consideran que el presidente Uribe tendrá éxito en mantener la campaña girando en torno a la seguridad.

El énfasis del Presidente en el tema de las Farc durante las últimas semanas parecería indicar que está recurriendo de nuevo a la fórmula de polarizar el escenario político, para frenar la estrategia de los precandidatos de centro, y de algunos precandidatos uribistas, de pasar la página del uribismo. Esa lógica tiene sentido si el escenario de las últimas dos elecciones pudiera reeditarse, de forma que el Presidente volviera a tenerla fácil enfrentando a un candidato de izquierda sin credibilidad en materia de seguridad.

Pero reproducir circunstancias políticas tan favorables puede resultar difícil en 2010. Porque Uribe no va a ganarse por tercera vez la lotería de enfrentar a Horacio Serpa, que le cedió el centro del espectro político. En períodos violentos los electores se inclinan por propuestas de autoridad, y en períodos de crecimiento económico las elecciones se limitan a referendos sobre la gestión del gobierno, pero en 2010 las circunstancias que predominarán serán las contrarias.

Durante la próxima campaña presidencial la tendencia económica será la inversa de hace tres años, el tema de seguridad habrá perdido urgencia, y los líderes a quienes tendría que enfrentar el Presidente no sólo contarán con credenciales en seguridad, sino que estarán mucho más al centro que Serpa y Carlos Gaviria.

En este nuevo escenario, la estrategia de enfocar el debate en la seguridad no es tan segura como parece. Tiene el riesgo de terminar dando paso a que la campaña se enfoque en el talón de Aquiles del Presidente. Al lema de “reelegir la seguridad democrática”, sus competidores podrían responder con otro más poderoso —elegir la seguridad con democracia—. Es decir, elegir seguridad más democracia económica y social, pero, sobre todo, hacerlo democráticamente.

Enfocar la campaña en la seguridad democrática sacaría a relucir que la propuesta del Presidente consiste en mantener la seguridad a costa de la democracia, mientras que candidatos como Pardo, Fajardo, Vargas o Mockus, ofrecerán seguir avanzando en seguridad, no sólo sin sacrificar la democracia, sino arreglando el desequilibrio institucional legado por Uribe.

Mientras que si el Presidente enfoca la contienda electoral en el terreno económico, podría tener una ventaja más segura frente a sus contendores. Primero, seis años de crecimiento económico; y segundo, control sobre el único remedio que queda en tiempos de crisis económicas agudas —una chequera sin límite de fondos para gastar—, dejando a los opositores en una encrucijada: impulsarlo a gastar más, legitimándolo y permitiendo que se haga al favor de los beneficiarios, o criticarlo por el gasto, exponiéndose a la incomprensión de las mayorías, que desesperadas por las dificultades económicas reclaman acción, no críticas. A menos que los precandidatos opositores muestren pronto liderazgo en el tema económico, Álvaro Uribe podría quedarse, una vez más, con los beneficios políticos de las crisis.

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