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hace 2 horas
Por: Juan David Correa Ulloa

Ellas

“Me gustaría creer en monsergas, como eso de que trabajar mucho y tirar mucho no son cosas compatibles, debilitan el cerebro. Pero siempre que estoy con una mujer a la que deseo y a la que me como todos los días, mi cabeza funciona mucho mejor. Creo que el doctor Freud estaría de acuerdo conmigo”.

Esta cita pertenece a “Olivia” uno de los veinticinco cuentos del más reciente libro del genial escritor brasileño Rubem Fonseca, Ella y otras mujeres. Palabras de ese talante pueden encontrarse en cada una de estas narraciones cortas de las que el autor, sin pudor, ha declarado: “Decidí publicar este libro de cuentos por dos razones fundamentales, porque se leen sin interrupciones y porque son más rápidos de escribir”, como se lee en la contraportada.

Es verdad que son narraciones rápidas, que se leen de un tirón pero que, en el fondo, dejan la sensación de ser apresuradas. Desde el libro pasado, La Biblia y el bastón, cada vez que leo a uno de los escritores que merecerían un lugar en la literatura universal, me siento tan triste como alguno de sus personajes. Me pregunto si vale la pena publicar cualquier cosa, a pesar de sí mismo. Eso, claro, no lo admite ningún escritor. Y quizás Fonseca, autor de memorables cuentos como “Corazones solitarios”, ha querido seguir habitando esos mundos sórdidos y brutales, en los que el amor se paga con venganza, sin dudar por un momento de que vale la pena seguir intentándolo.

He aquí veinticinco cuentos desiguales: algunos apresurados, como ya he dicho; otros llenos de humor –que nunca se pierde de vista–, y otros más que persiguen viejos fantasmas del escritor brasileño. Confieso que sentí emoción al leer el título, porque si algo ha hecho y logrado Fonseca en sus cuarenta y cinco años de carrera como escritor, es regalarnos un reflejo de las mujeres único, personal, y mordaz. Todo lo que jamás quisiera leer una feminista, pero, aventuro, sí una mujer.

Podría decir que en el libro hay esos ecos del notable creador de Mandrake. Por momentos, uno sabe que está al lado de ese tono entrañable, veloz, que es capaz de decir en pocas frases quién es alguien, por qué es particular ese personaje. Así ocurre en cuentos como “Lavinia” –el suicidio de una mujer y el desconcierto de su amante–; “Lauriña” –un caso de pederastia que se cobra con una venganza aterradora–; “Helena” –la trampa de una periodista que utiliza y se enamora de su fuente–; o “Alice” –un adolescente gago acosado por su profesora particular–.  Pero hay casos que, para ser francos, parecen más ejercicios de estilo de un profesional que está buscando pistas para sus cuentos o novelas. Ese sería el caso del conjunto de cuentos, repartidos de manera arbitraria a lo largo del libro, cuyo protagonista es Zé, un asesino a sueldo que se encuentra con diversas mujeres en escenas sexuales o criminales (“Xânia” y “Nora Rubi”, por sólo citar dos). Dentro de un tercer grupo estarían ejemplos de relatos narrados por mujeres que se quedan en la mitad cuando el lector estaba emocionado con la historia. Allí cabría “Julie Lacroix”.

Esta no sería una buena puerta de entrada para quien no haya leído a Fonseca. Sin embargo, juzgarlo por sus dos libros más recientes me parece injusto: ningún escritor puede ufanarse de no tener libros prescindibles. Quizás, Ella y otras mujeres, sea un buen ejercicio de nostalgia para quienes lo han seguido durante años. Hay aquí, todo hay que decirlo, mucha sangre, mucha vida, mucha muerte y muchas mujeres que se quedarán, de manera irremediable, en la cabeza de los lectores.

Ella y otras mujeres, Rubem Fonseca, Editorial Norma.

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