Elogio a la mediocridad

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Los colombianos fallamos en la tarea de construir una sociedad que entienda que el mundo tiene todo tipo de matices y que si no se tiene la capacidad de aprender de ellos, se pierde la esencia de la humanidad. Es más fácil entender el mundo sólo en blanco o negro, pues reconocer sus diferentes gamas exige pensar y eso parece que nos da mucha pereza. La vida se hace sencilla si definimos todo como bueno o malo, derecha o izquierda, uribista o petrista, a favor o en contra del Acuerdo de Paz. Al estar sólo de un lado, el sesgo y la estigmatización se vuelven el centro de la discusión. Entonces la vida se hace cómoda y, sobre todo, mediocre y peligrosa.

Las afirmaciones de un exministro (que no merece ser nombrado) sobre los miembros de la Comisión de la Verdad son un lamentable ejemplo de lo anterior. Para él, al parecer, tener experiencia para ejercer un cargo es contar con un sesgo ideológico. El hecho de que la mayoría de los comisionados hayan trabajado en temas relacionados con la defensa de los derechos humanos, en resolución de conflictos y en la ONU no los hace terroristas, ni aliados de la guerrilla; más bien, preparados y aptos para el trabajo que se les encomendó. Pero en este mundo simplificado siempre es mejor nombrar a personas sin trayectoria, para asegurar que no cuenten con un sesgo ideológico. Sin embargo, cuando se elige a un inexperto, lo único que garantiza es que sea sesgado, pues la falta de conocimiento produce inseguridad y esta lo convierte en manipulable.

Ser experto, pensar, considerar todos los lados es sinónimo de tecnócrata, terrorista o guerrillero. Para no perder el control ni el poder, los mediocres deben demeritar constantemente a los expertos para justificar la elección de incompetentes que al final harán y pensarán lo que se les diga. Tiene que ser uno muy atrevido para tratar de desprestigiar al padre Francisco de Roux. Es posible no estar de acuerdo con él, pero lo que no se puede es insinuar que su trayectoria lo sesga. La Comisión de la Verdad tiene una labor de suma importancia para la reconciliación y la consolidación de la paz, y la experiencia, reconocimiento e imparcialidad del padre De Roux son garantía de la objetividad de la Comisión.

“El pronunciamiento contra los comisionados es una típica estigmatización que, lanzada sin medir consecuencias desde centros de poder, eleva la probabilidad de homicidios en los territorios”, dijo la entidad en respuesta al trino del exministro y al sesudo análisis de una nueva “periodista” de la revista Semana. Sólo los mediocres, contentos con su condición, explotan una situación como esta para salir de la irrelevancia y asegurar que su espectáculo les permita llegar en unos años a un cargo haciendo gala de su inexperiencia.

No pierdo la esperanza de que algún día en este país empecemos a reconocer a la gente por sus logros y no por su cuna, poder o capacidad de decir sandeces para ser nombrada en las redes. Ojalá nos desacomodáramos un poco para dejar de simplificar y, por consiguiente, estigmatizar a quien piensa diferente. El origen de la violencia en Colombia cuenta con muchas aristas, pero, sin duda, una de ellas es el control que ha ejercido la clase dirigente sobre la población, obligándola siempre a juzgar al otro desde su propia visión. Va siendo hora de cualificar el debate y los análisis.

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