Por: Columnista invitado

Elogio al tendero

Por: Alberto López de Mesa

Desde el año 2009 los vecinos del común hemos visto prosperar en Antioquia y Cundinamarca a la cadena de tiendas de descuento D1. Fue fundada en Medellín por Koba Colombia S.A.S, empresa filial de otra de origen panameño, Koba International Group. Desde un comienzo han sido exitosas las tiendas D1, no obstante que se ubican en locales sencillos como un negocio más de la cuadra, en sus estanterías sin ostentación muestran productos al alcance de cualquiera y de hecho los precios son más baratos que cualquier otro supermercado. Si bien hay un marketing y una concepción de mercadeo al menudeo basado en una aparente austeridad en la imagen, en la oferta y en la atención lo que atrae a la clientela son los bajos precios.

En el año 2014 el Grupo Santo Domingo con su empresa Valorem, valora el auge de las tiendas D1 y compra el cuarenta por ciento de las acciones de Koba. Pero, por las lógicas ambiciosas del mercado, los fundadores de la marca decidieron ponerle la competencia y abrieron Mercadería Justo&Bueno.

En este estilo de mercado también llegó una empresa de origen portugués a montar los Supermercados “Ara “, vale decir que ara es el nombre nativo del papagayo logosímbolo de la tienda.

Se vino pues el mercadeo al menudeo, compitiendo abiertamente con la tradición de la tienda de barrio, ahora con la dinámica impersonal y la oferta consumista de una tienda de cadena.

Sin embargo, las tiendas siguen allí. El nuevo marketing aún no derrota los encantos de la tienda. Lo primero es que el tendero y el cliente son vecinos y amigos, se saludan y departen de temas de la vida, en cambio en las tiendas de cadena la sensación de que te vigilan es inevitable y la relación con las cajeras es impersonal y distante. Lo segundo y la más importante diferencia es que el tendero te fía sin intereses; simplemente anota tu pedido en un cuaderno que guarda bajo la caja registradora y espera a la quincena cuando te llega tu sueldo. Y si eres un deudor moroso, pues te suspende el crédito hasta que te pongas al día. A veces canjean favores y hasta acepta trueques a cambio de la deuda, los muy usureros reciben prendas o letras de cambio.

Los mejores tenderos son los que conocen la vida pública e íntima de sus clientes, con eso fungen de consejeros o sicólogos domésticos.

La vecina llega a la tienda no sólo a abastecerse de los productos del diario, también le gusta estarse ante el mostrador y conversar con quien la atiende, contarle sus penas y sus dichas, siempre es grato oír una opinión sobre la existencia.

Por supuesto, hay tenderos de tenderos: junto a los bonachones y buenas gentes están los huraños, los codiciosos, los avivatos. Pero de todas maneras en la vida de barrio es más humano e integrador el que para adquirir los productos del diario vivir podamos relacionarnos desde la mirada, desde la palabra y no solo desde distancia fría y pragmática la tarjeta de crédito y el dinero.

Las mejores tiendas de barrio son aquellas donde además de los productos de marca, todavía se consiguen comestibles artesanales: el cortado, la cocada, el bocadillo. Donde te venden el atajo de verduras y el bastimento para la sopa del día. Donde el tendero te reconoce y le puedes decir: “Vecino me llevo media panela, media de arroz, media de café y anóteme ahí.”

 

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