Paro nacional: así avanzan las marchas en Colombia

hace 2 horas
Por: Valentina Coccia

Elogio a la soledad

Hoy quisiera salirme un poco de los temas que acostumbro tratar para darme un minuto y elogiar la soledad a la que tantas veces le rehuimos. Los seres humanos, como los lobos, somos animales de manada. Buscamos el arrullo de otros brazos, las pinceladas de cariño sobre el lienzo de nuestro cuerpo, la necesidad asombrosa de conectarnos con otro ser. También como los lobos nos preocupamos los unos por los otros, nos protegemos mutuamente del peligro, nos habituamos a vivir bajo la sombra ajena intentando protegernos de las desavenencias de la vida. Sin embargo, en las últimas décadas el ser humano ha empezado a olvidar estos vestigios que conservaba de la vida salvaje y ha empezado a otorgarle un importante valor a la individualidad.

Ser individuos ha tenido su lado oscuro: hemos olvidado beneficiar al clan, hemos corrido tras nuestras metas y hemos condenado a muchos de nuestra especie a la marginalidad y a la pobreza. Muchos han buscado el poder a toda costa, han manipulado a las masas, han arruinado el medio ambiente con la furia de tenerlo todo. El individualismo llevado al extremo ha despertado nuestra naturaleza combativa y ha relegado nuestra necesidad del otro a una batalla constante contra él.

Sin embargo, en el siglo XXI el individualismo ha llegado a otras valoraciones diferentes. Aunque aún no nos hemos deshecho del egoísmo y de la sombra del poder, ya empezamos a despertar a una nueva naturaleza. La soledad a la que nos ha llevado el proceso histórico también nos ha inducido a vivir en un mundo de solteros: se acabaron las casas familiares. Ahora vivimos en pequeños apartaestudios. Los divorcios han aumentado de manera alarmante y el éxito laboral ha alcanzado una importante posición en la vida de cada uno. Esta salida progresiva del clan nos ha hecho mirar la soledad desde otra óptica y contemplar las ventajas de perdernos de la manada por unos meses, por unos años.

Uno de mis poemas favoritos de Darío Jaramillo Agudelo se llama Primero está la soledad. “Primero está la soledad. En las entrañas y en el centro del alma: esta es la esencia, el dato básico, la única certeza; que solamente tu respiración te acompaña, que siempre brillarás con tu sombra, que esa tiniebla eres tú”, dice el poeta en sus primeros versos. Como en el poema, en el siglo XXI hemos llegado a comprender que en la soledad, en nosotros mismos, habita la fuerza primigenia que nos impulsa en la vida. El encuentro con uno mismo se valora de forma cada vez más interesante: meditaciones, yoga, mindfulness y otras herramientas nos ayudan a descubrir la extraordinaria compañía que tenemos así caminemos solos por la vida.

Yo he llegado a sentirme sola. A rasgarme las vestiduras en el pequeño apartamento en el que habito. Pero también, cuando esa lucha cesa sus innecesarios aspavientos, me encuentro con la respiración, esa que cuenta el poeta en Primero está la soledad. Estar solo no es tan malo como uno piensa. Es un momento de autocuidado, de descubrir nuestra sombra, de valorar nuestro ingenio y de hacer crecer nuestros sueños. Para aquellos que ven la soledad como un peso, aprovechen para prender esa luz: uno nunca sabe que maravillas puede llegar a iluminar. Feliz semana, queridos lectores.

@valentinacocci4[email protected]

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