Por: Nicolás Uribe Rueda

Embalsamados

Lamento contribuir con la indigestión que los colombianos ya deben tener por cuenta de Chávez y sus funerales, que, dicho sea de paso, más que honrarlo, después de diez días lo convierten es en un cadáver insepulto.

Pero no tengo más remedio que dedicar esta columna a comentar un par de asuntos que me han llamado poderosamente la atención, mientras hemos oído de todo, o casi todo, en relación al ya fallecido presidente y a lo que le espera a Venezuela.

Lo primero que vale la pena anotar es que la lucha por las libertades en el país vecino parece ser una contienda solitaria y una causa en apuros. Son pocas las voces que exigen un giro hacia la democracia a partir de la muerte del caudillo. Muy por el contrario, la alabanza al líder fallecido terminó por legitimar su impresionante récord en contra de los derechos de los ciudadanos. El secretario general de las Naciones Unidas, por ejemplo, afirmó que Chávez “fue uno de esos dirigentes que marcaron la diferencia en su país, la región y el mundo”. Este y otros pronunciamientos de importantes líderes cuya responsabilidad es la de trabajar por los valores democráticos, olvidaron por estos días que en Venezuela no hay Estado de derecho, sino solamente la voluntad del príncipe que se expresa por decreto. Los tribunales, las autoridades electorales, la prensa (con valerosas excepciones), los jueces y los militares fueron convertidos en extensiones de un partido político. El alcalde elegido de Caracas no gobierna y tiene un sustituto de facto por decisión de Chávez, el Ministro de la Defensa invita a “dar en la madre” a la oposición y los recursos públicos de todos los venezolanos están destinados exclusivamente a financiar tanto las prebendas que recibirán como las manifestaciones públicas a las que asistirán aquellos que, con camisa roja, saldrán a marchar, gritar y agraviar a cualquiera que se atreva a cuestionar los procedimientos que utiliza el régimen.

El prontuario de arbitrariedades de Chávez es difícil de igualar por otro gobierno en América Latina. Sin embargo, parece que hay quienes aún creen aceptables las tiranías de izquierda a las que atribuyen objetivos piadosos y crímenes altruistas. Resulta ahora que el abuso tiene color político.

Pero, hecho el balance, lo que se avizora es peor que lo que había. Los que criticaron los sucesos que sacaron a Lugo de la Presidencia en Paraguay no se percataron de que en Venezuela Maduro usurpó el poder al presidente de la Asamblea para quedarse luego en él. Nadie, salvo la valiente oposición, a quienes se amenaza con las armas de todos los venezolanos, se atreve a denunciar lo que es en realidad una situación de facto: Maduro gobierna a Venezuela desde hace tres meses y se aprovecha de la suerte de su patrón para tomar decisiones en su nombre y para extender una situación que de acuerdo con todos los pronósticos económicos pasará de castaño a oscuro, cobrando su factura sobre todo a los más pobres.

En la Venezuela de hoy sólo los valientes piden explicaciones. Los defensores de las libertades quedaron atónitos, embalsamados. Se asustaron a kilómetros de distancia con las muchedumbres chavistas, aquellas que serán ahora maduristas siempre y cuando sigan recibiendo sus mesadas.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Nicolás Uribe Rueda

Como niños

Indiferencia

Dosis de solidaridad

Votaré mañana

Posmermelada