Por: Antieditorial

Emmanuel Macron… ¿Neoliberal?

Por Vicente Apráez

Sin restar importancia a las apreciaciones que El Espectador hace en torno a las perspectivas gubernamentales del novel presidente francés, es difícil no replicar ante las indiscriminadas aplicaciones hechas dentro de esas connotaciones  que en nuestro medio se dan respecto del neoliberalismo. Las concepciones de esa tendencia política, al igual que tantas aplicables al socialismo, aquí ni de lejos se aproximan a las acepciones que al respecto tiene la contemporaneidad europea. La política del presidente Macron, que según se aprecie en muchos casos se muestra indefinible, imprecisa y si se quiere hasta errática, con el correr de los días le presenta como un líder de inmensa proyección mundial. Sus aptitudes ejecutivas coinciden perfectamente con las del liberal centrista que, por su formación de banquero, entiende el papel fundamental que a la empresa privada corresponde como partícipe de todos los aspectos económicos nacionales. En ese sentido, y gracias al bagaje adquirido en Sciences Po y L’École nationale d’administration, con su excepcional equipo de colaboradores comenzó por implementar la nueva Ley del Trabajo, en un intento por frenar la carrera desbocada de tantos privilegios salariales y prestacionales, arrancados por las masas a Sarkozy y Hollande en momentos apremiantes. La revisión de los contratos de duración indefinida y el favorecimiento de aquellos con termino definido quizá presenten al actual presidente como populista y si se quiere como neoliberal, cuando mejor le ubican dentro del racionalismo centrista con que pretende reducir las tasas de desempleo. 

El presidente galo demostró al mundo que sin necesidad de ser elegido antes para ningún cargo, con el apoyo del movimiento “En Marcha (EM)”, dio al traste con las veteranías de contendores que como Le Pen y Mélenchon representan los extremismos anacrónicos hermanados con el riesgo de conducir a Francia hacia impredecibles despeñaderos. Luego, y con 355 curules, logró imponer mayorías capaces de garantizar que el mandato no solo procurará recomponer la deteriorada estructura político-administrativa de Francia, sino que mucho aportará a la necesaria consolidación del euro y la unidad europea. Mal hace entonces el editorialista de El Espectador al descalificar el triunfo renovador invocando volúmenes de abstención, que si bien son intérpretes del desencanto francés por la política, para nada opacan el optimismo promovido por las actuales condiciones.

Mucho cambiarían las perspectivas de Colombia si dentro de los apremios del próximo proceso electoral fuese dado que hombres públicos, que no “políticos a la colombiana”, encontraran el ambiente y espacios propicios para reeditar fórmulas suprapartidistas del estilo de Emmanuel Macron. En Sergio Fajardo, profesor, matemático y filósofo, está la reserva que a pesar de las embestidas y trapisondas electorales que en el año 2010 le impidieron llegar posee aptitudes suficientes, no solo para consolidar el proceso de paz sino para sacar adelante al país que mal hace en dividirse entre ángeles y demonios; las características de él, al igual que las de Humberto de la Calle y Claudia López, superan con creces a cuantos prospectos ofrece la politiquería ansiosa por reeditar sus propios beneficios.

 

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