Por: Hernán Peláez Restrepo

Emoción!

Fue una semana interesante para el aficionado al fútbol. Hubo espectáculo brillante en la Liga de Campeones, donde se arrimaron los mejores y más poderosos equipos.

El juego entre Liverpool y Chelsea debe quedar disponible para quienes gozan con el fútbol espectáculo. Los ocho goles darán pie a los puristas para calificar la flojedad defensiva, aunque para los simples aficionados fue un regalo. Allí hubo emoción y de paso la ratificación del poderío de los equipos ingleses, pues tres de ellos quedaron instalados, al lado de Barcelona, en semifinales.

Cosa distinta sucede en el fútbol de la Copa Libertadores, en la que hubo emoción restringida y espectáculo pobre. La Copa —porque aún muchos de los equipos son arrimados a participar por simple reglamentación, caso de Aurora de Bolivia— apenas comienza a decantar el grupo de los 16, llamémoslo de los mejores, donde quizás comencemos a ver buen fútbol.

Para los cuadros colombianos fue una semana aceptable, porque, matemáticamente hablando, sólo dos, DIM y Boyacá, tienen posibilidades, y el suspenso estará reservado hasta la última fecha. Lo de América resultó triste y eso que dominó aparentemente al Defensor, sin lograr vencer la resistencia defensiva de los uruguayos, convirtiendo en figura al arquero.

Viendo los juegos de la Libertadores, cada vez estamos más equilibrados por lo bajo. DIM lució claro en su fútbol en el primer tiempo, con Juan Guillermo Cuadrado en una constante labor de apoyo. Después, en la complementaria aflojó, a tal extremo que los de Sao Paulo estuvieron cerca del empate. Chicó, que pudo salir con un mejor saldo de goles, también cuando estaba en ventaja 2-0, pestañeó, recibió un gol y arriesgó bastante la victoria.

Nuestros representantes muestran un problema mental. Son inseguros, no se sienten ganadores así lo estén logrando y por miedo se desordenan y ponen a sufrir a más de uno. La flaqueza mental es manifiesta y en eso los técnicos, Santiago Escobar y Alberto Gamero, tienen mucho que ver, por el nerviosismo que transmiten desde la raya por la cantidad inusitada de indicaciones, como si los jugadores olvidaran la lección, y lo que consiguen es confundirlos.

 

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