Empleo femenino, educación, salud y reactivación

Noticias destacadas de Opinión

Es muy positivo ver que el llamado a un plan ambicioso de reactivación del empleo está ganando protagonismo en el debate público. Sin perder de vista el desafío general de recuperar más de cinco millones de puestos de trabajo para los colombianos, el plan debe tener muy presente la focalización en el empleo femenino.

Para tener el contexto claro: las cifras más recientes del mercado laboral muestran que la tasa de desempleo de las mujeres llegó a 25,4 %, mientras el promedio nacional fue 21,4 % –cifra ya bastante grave como resultado de la crisis–.

El desempleo ha golpeado más fuerte a las mujeres en los últimos meses. No se puede olvidar, sin embargo, que las disparidades de género en el empleo van más allá de lo coyuntural: hace un año, sin pandemia, la tasa de desempleo femenino ya era cinco puntos porcentuales mayor que la de los hombres. De la población económicamente inactiva -condición explicada en muchos casos por la falta de oportunidades de empleo–, cerca del 65% son mujeres –en especial dedicadas a los oficios del hogar, de acuerdo con la clasificación del Dane–. Por cada hombre dedicado a los oficios del hogar hay tres hombres estudiando. En el caso de las mujeres, la relación se invierte: por cada mujer estudiando hay casi tres mujeres en oficios del hogar.

Es posible e indispensable articular una estrategia de reactivación del empleo que sea eficiente macroeconómicamente, con sectores clave, con altos retornos sociales y con focalización en el empleo femenino.

Propongo que esta estrategia económica arranque con el fortalecimiento de los sectores de educación y salud. Hay varias razones: son sectores que atienden directamente el bienestar de los colombianos, el gasto público en salud y educación es el más eficiente para reducir la pobreza y la desigualdad, y también puede ser el más eficiente para mitigar la expansión y persistencia de los efectos negativos de la pandemia. El fortalecimiento de estos sectores requiere infraestructura (construcción, edificaciones) –y equipos manufacturados–, y a la vez necesita servicios laborales, sociales y comunitarios. Por cierto, un documento de las investigadoras Paula Herrera, Ana María Tribín y del Dane muestra que el 32% del empleo femenino está concentrado en el sector de servicios comunales, sociales y personales.

No dudo que la estrategia de fortalecimiento de la educación y la salud ampliaría la vinculación laboral de personal femenino, para mujeres con diferentes grados de formación (media, técnica, universitaria), diferentes edades, diferentes funciones (académicas, gerenciales, administrativas, asistenciales) y en diferentes instituciones (escuelas, universidades, centros de investigación, entidades especializadas en la formación para el trabajo, hospitales, centros médicos, centros comunitarios). Un despegue sólido en estos sectores expandiría el empleo digno de las colombianas. Y es una estrategia que atendería las necesidades de todas las regiones del país.

El desempleo general y las disparidades económicas por género son, en buena medida, una falla de la democracia y una ineficiencia en el uso de nuestras capacidades productivas y de generación de bienestar social. Arranquemos con una revolución educativa y de la salud como estrategia de priorización para la recuperación frente a la crisis, y para pagar la deuda social estructural que tiene Colombia.

Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)

Comparte en redes: