¿Empleo miserable?

Llegan los días de los púlpitos derramándose sobre la pobreza, vestidos sus discurseadores en oros, mirras y zapatos Gucci.

Razón por la cual hay que hablar de que la pobreza es algo más que discursos huecos porque la creación de empleo, bajo las condiciones actuales, puede ser causante de una mayor pobreza. Buena parte de los analistas están propendiendo por la creación de empleo como salida clave de la crisis económica. Pero son pocos los que mencionan que posiblemente el empleo miserable, ese causado por la disminución del poder de compra del salario y el aumento en los costos que paga el trabajador por impuestos y  seguros personales, sea otra razón para explicar la crisis antes que para resolverla.

Jacques Sapir es uno de los pocos analistas que han puesto el dedo en esta llaga (“Tótems y tabúes”, Le monde diplomatique, marzo 2009). Ha demostrado que en Estados Unidos los salarios forman cada vez menor porción del producto nacional. Pero que ese fenómeno es también europeo, llegando a afirmar que las llamadas “reformas estructurales” que se predican por doquier “contribuyen directa e indirectamente a crear las condiciones para (una mayor) insolvencia de la gran mayoría de los hogares”. Con otras palabras, denuncia la paradójica situación de que el empleo en las actuales condiciones de pauperización del salario termina agudizando y no solucionando la crisis.

En Colombia, hace varios meses el banquero Sarmiento Angulo llamaba por una solución colegiada frente a la pobreza. Han pasado todos estos días sin que sepamos qué hace Sarmiento para darle fuerza a sus discursos, pero bastaría con que nos contara qué hace su grupo económico de puertas para adentro, por ejemplo, para mantener creciente el poder adquisitivo de los salarios de sus propios trabajadores a sabiendas de que los bancarios son algunos de los más pauperizados trabajadores de la economía en Colombia en un sector que posiblemente por ello es el que mayores ganancias muestra cada año.

Suele ser fácil llamar a otros para que solucionen los problemas y muy difícil hacer que esas soluciones comiencen por casa. Por ello igual reflexión cabría hacerles a las empresas de servicios públicos, manufactureras y de servicios que se precian de estar actuando con “responsabilidad social”. ¿Qué están haciendo ellas para garantizarle a su mejor grupo de interés, sus propios trabajadores, que el empleo que ostentan hoy no agrave sino que solucione su empobrecimiento? O sea, ¿de qué manera estamos resolviendo en Colombia la pobreza de los trabajadores disfrazando nuestros discursos en la defensa de los que no tienen trabajo cuando los que trabajan también son cada vez más pobres?

 Bernardo Congote. Bogotá.

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