Por: Jaime Arocha

Emprendimiento cultural y despojo territorial

Por datos de AFRODES (Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados) se sabía que continuaban las perturbaciones del orden público en Magüí (Payán), sobre el Pacífico nariñense, y el 14 de octubre la prensa nacional informó que en la vereda El Cascajero habían asesinado a Luis Gonzalo Martínez Quiñónez, candidato a la Alcaldía por el Partido Liberal.

Este panorama de terror y muerte hace parte del que se profundiza a lo largo y ancho de todo el litoral. Para no ahuyentar inversionistas, hasta las hermosas maestras de ceremonias del pasado XV Festival Petronio Álvarez lo ocultaban. Como si aún siguiéramos en los años de 1990, hasta la saciedad reiteraban que el rasgo más distintivo de la región consistía en la convivencia pacífica entre las distintas comunidades. Realzaban a su gente negra, morena, bella y orgullosa de sus paisajes e historia. Para destacar aún más ese pasado, con entonación académica una de ellas puso énfasis en el maravilloso legado de “la tribu yoruba de África”.

Me sonrojé ante un paternalismo que terminaba por inferiorizar a una de las civilizaciones urbanas más antiguas de la humanidad, asentada en lo que hoy es Nigeria. No sólo dejaba a la presentadora como una ignorante, sino que desdecía de quienes le escribieron el guión. Se proponían dignificar a la gente negra de Cali y de todo el litoral, debido a las descalificaciones racistas difundidas antes del festival. Sin embargo, era discutible que lo hubieran hecho a partir de representaciones falsas de la historia y de la realidad violenta.

Otra buena intención de corte empresarial consistió en organizar a una docena de marimberos y tamboreros para que tocaran sus instrumentos, mientras bailaban, bajo la batuta de un director. La innovación desdeñaba el carácter horizontal y abierto que liga a los intérpretes de músicas de matriz africana e introdujo la organización piramidal propia de las orquestas occidentales. Los músicos se veían en aprietos para danzar con la marimba guindada del cuello mediante una correa de cuero. No se trataba de fusiones respetuosas como las de La Revuelta, premiadas dentro de la categoría de Libre, sino de una innovación heterodoxa, fuera de concurso, quizás pensada para llamarles la atención a los productores de música llegados desde Nueva York y Puerto Rico, a quienes las mismas maestras de ceremonias entrevistaban con entusiasmo.

Ellos ocuparon sus puestos en la rueda de oportunidades que abrió sus puertas el sábado 27 de agosto, en la Secretaría de Cultura de Cali. Frente a ellos, la gente negra ofrecía parte de sus capitales estéticos y simbólicos como alternativa para sobrevivir luego del desplazamiento violento del cual ha sido objeto. Hoy los actores armados buscan completar el destierro en áreas como las de Magüí (Payán) y al mismo tiempo propagar el monocultivo de la coca, la palma y las mentes. Quizás por eso sea sospechoso que en esas ruedas no descuellen las oportunidades para conocer y fortalecer los sistemas ancestrales de producción. De ellos no sólo ha dependido la salvaguardia de las selvas biodiversas, sino los patrimonios territoriales de las comunidades negras. La aclamada, más bien, es la alternativa del emprendimiento cultural.

 

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