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Emprendimiento frágil y antifrágil, para mi prima

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El escritor Nassim Taleb puso hace unos años un adjetivo muy particular en el centro del debate público: “antifrágil”. Hay unas cosas en el mundo que son frágiles: una copa de cristal, una figura de porcelana o cualquier negocio con el nivel de servicio al cliente de Falabella. Otras cosas del mundo son robustas: las pelotas de caucho, el cemento y la terquedad de los políticos que prefieren dejar a una ciudad entera sin buses con tal de pintarlos de su color favorito. Estas dos categorías son muy conocidas, pero existe una tercera: aquellas cosas que no solo se mantienen firmes ante “estresores” y crisis, sino que se benefician de ellas.

Un influencer polémico es un ejemplo. Cada “crisis”, buena o mala, lo llena de popularidad, le entrega likes y alimenta los algoritmos de las redes sociales con reacciones por millones a sus perfiles. La información también es antifrágil: basta con que se prohíba un libro, se prohíba ingresar a un sitio web o se intente sofocar una idea para volverla irracionalmente popular. La vida humana, por su parte, es frágil, morimos con demasiada facilidad, pero nuestro código genético es antifrágil: obtiene ganancias en cada crisis, en cada problema y en cada epidemia.

Esta crisis económica parece que está sacando a la luz otro sistema antifrágil: el sistema empresarial de Estados Unidos. La revista británica The Economist reportó la semana pasada que la cantidad de nuevos negocios que se forman en Estados Unidos estaba en récords históricos: hace décadas no se veía tanto emprendimiento. Un sistema antifrágil es el que gana en momentos de crisis y el emprendimiento norteamericano está pasando esa prueba.

Como es apenas natural, tanto el gobierno gringo como el colombiano se movieron pronto para ayudar a las personas y a las empresas con transferencias directas. En Colombia hicimos esfuerzos por compensar a la gente en los encierros con transferencias monetarias y con subsidios temporales a la nómina, que iban en la dirección correcta. También hicimos otros no tan buenos: algunos políticos intentaron aprovechar la crisis para construir monumentos multimillonarios a compinches políticos o entregar jugosos contratos a dedo a fotógrafos afines al partido: esfuerzos que solamente reactivan la economía de sus amigos.

El ingenio empresarial en Estados Unidos demostró estar listo para suplir todas las necesidades que han surgido en un mundo que hace apenas unos meses no podíamos ni imaginar. Esto es una gran noticia: sistema empresarial es el que nos da valor con bienes y servicios, paga los impuestos que financian los servicios de salud y genera los empleos que necesitamos para salir de esta crisis fortalecidos. En Colombia también podemos movernos para que sea antifrágil, pero tenemos que hacer reformas.

—¿Reformas? —me preguntó mi prima de diez años.

—Sí, claro. En Colombia hay miles de innovadores que ven sus ideas enterradas en mares de burocracia, trámites y obligaciones porque tenemos un Estado que no fomenta la creación de empresa, sino que la asfixia.

—¿La asfixia? ¿Cómo?

—Según cálculos del DNP (Conpes 3956), si una microempresa quiere ser formal hay que cargarse un costo que equivale al 46% de la utilidad bruta. También tiene que pagar, además del salario de sus empleados, los costos no salariales más altos de la OCDE y unos impuestos locales tan malos que son ejemplo internacional de lo que no se debe hacer.

Es fácil para los políticos sentarse a dictar nuevos decretos, nuevas leyes y más obligaciones a las empresas: a todo el mundo le queda fácil lanzar un “tatequieto”. También es fácil aumentar el gasto, proponer sinsentidos y derrochar los impuestos que le recaudan a un sistema exprimido. El problema es que en este sistema el emprendimiento es frágil.

Lo difícil es hacer las reformas estructurales: flexibilizar el mercado laboral, reescribir el estatuto tributario para que sea simple, plano y competitivo, y así lograr que las empresas puedan canalizar el ingenio humano para tener una sociedad que sale más fuerte de las crisis. Colombia merece un sistema de emprendimiento #antifrágil.

@tinojaramillo, martin.jaramillo@email.shc.edu

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