Por: Daniel Pacheco

En Colombia, “America first”

Con la extradición a Estados Unidos, Colombia parece ser una de esas parejas en una relación tóxica, que sin importar el abuso sigue sometiéndose a más maltrato. Después de cada nueva golpiza hay una justificación. La última: que la abusiva intromisión de la embajada gringa en la discusión sobre las objeciones a la JEP es para salvar la amenazada figura de la extradición.

Los gringos en este tema son una pareja violentamente demandante. A pesar de que Colombia es el país del mundo que más personas extradita a su país, en procesos tan expeditos que varias veces han terminado colombianos inocentes enviados a una disneylandia penitenciaria solo porque tenían un homónimo mencionado en un indictment, en EE. UU. no parecen nunca satisfechos.

El más mínimo asomo de soberanía judicial, como el que se estableció en la Constitución para la JEP, causa un enojo violento. No importa que el fundamento de la extradición, con sus abusos e injusticias, siga intacto. Colombia extradita a sus peores victimarios aceptando que no habrá justicia por esos delitos en nuestro país, a cambio de que reciban condenas por narcotráfico cada vez más leves allá, en procesos judiciales donde la única verdad esclarecida viene cifrada en kilos de coca. Enviamos asesinos y allá condenan a contrabandistas. Y a veces ni siquiera los devuelven cuando dejan cuentas pendientes en Colombia.

Hay al menos dos casos concretos: el de Juan Carlos el Tuso Sierra y el de Carlos Mario Aguilar, alias Rogelio, un sanguinario paramilitar que luego fue jefe de la Oficina de Envigado. Además de no devolverlos a enfrentar procesos pendientes en Colombia, las familias de Aguilar y el Tuso, según un artículo de The New York Times, recibieron también asilo político en Estados Unidos. En el caso del Tuso, la justicia gringa argumentó que en Colombia podría ser sometido a actos injustos de tortura en nuestro desvencijado sistema penitenciario. Además de mandarles a Sierra, les salimos a deber.

El caso del Tuso es interesante. Habló por primera vez en muchos años este fin de semana con la Nena Arrázola en Los Informantes, después de pagar una corta condena de cinco años. Sierra, la mano derecha de Don Berna, la recibió en su cómoda casa de la Florida, donde maneja un sedán. Y desde allá volvió a prender avisperos. No sobre la verdad pendiente que tiene alrededor de los supuestos vínculos de Luis Alfredo Ramos y Luis Carlos Restrepo con paramilitares, sino sobre la supuesta injerencia del exmagistrado Barceló para inculpar a Álvaro Uribe con paramilitares.

El problema colombiano con la extradición, el problema de delegarles a los gringos nuestra justicia, es que el Tuso puede hablar mucho desde allá, pero no habrá un proceso de esclarecimiento judicial en nuestro país para determinar si miente o dice la verdad, si Ramos o Barceló son en efecto inocentes o culpables, por ejemplo. Y esta incapacidad en otros países se consideraría una crisis de soberanía.

En Colombia, donde parece haber un problema de prioridades invertidas, como en una relación de pareja tóxica, nos fijamos en la incomodidad de nuestro aliado antes que en nuestros propios intereses. Como dice María Isabel Rueda sobre EE. UU., “querámoslo o no, es un aliado al que hay que cuidar, porque lo que a ellos interesa nos debería interesar a nosotros primero, y más”. Es decir, en Colombia, America first.

@danielpacheco

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Pacheco

Regular el libre desarrollo de la personalidad

Green, go!

La Copa y la Colombia acomplejada

Bad Colombia!