En contra del terrorismo de Eta

Vengo asiduamente a Colombia y por lo general leo El Espectador.

Hoy (ayer) han tratado el tema de los cincuenta miserables años que hemos padecido con la creación de la organización terrorista etarra.

Discrepo radicalmente de algunas de las apreciaciones que se apuntan en algunos de los escritos que, sobre el tema, han publicado. En primer lugar, no es una organización independentista sin más. Hay organizaciones independentistas no terroristas. Creo que lo que le caracteriza a esta banda de criminales es que son personas que matan a gente del pueblo, que se escudan en fines legítimos para actuar perversamente, extorsionando, matando, colocando bombas, amedrentando, etc.

Si nos atenemos a los resultados electorales a lo largo de casi 30 años de nuestra democracia actual, como mucho han tenido el 20% de apoyo del electorado, que no de toda la población vasca. Y en todas las elecciones últimas, si han conseguido burlar la ley, han rondado menos del 10%.

Ponen en boca de los terroristas el calificativo de “fascistas” para una organización democrática, con referentes europeos e internacionales y con tan buenos lazos en toda Iberoamérica. Saben ustedes bien que los terroristas no distinguen ni siglas ni partidos ni pueblos. Simplemente todos los demócratas españoles, sean del PSOE, del PP o de cualquier otro partido, están en su punto de mira por el simple hecho de discrepar e ir en contra de sus viles acciones y de sus mezquinos planteamientos.

En contra del terrorismo siempre, sea aquí o en España, por la definitiva derrota de los violentos, sean del signo que sean y estén amparados por el gobierno populista que sea.

Tanto en España, de donde yo soy, como en Colombia, país que estimo tanto, nos azota una lacra que pervive entre nosotros desde hace décadas. El último atentado terrorista, con gran cantidad de víctimas, en la monumental ciudad castellana de Burgos, deja una vez más a las claras la sinrazón de los terroristas y de todos aquellos que les dan alas, armas o coartadas. También hemos padecido últimamente algunos actos terroristas en Colombia y sus mezquinas actuaciones no se detienen ahí, como bien saben tantos y tantos secuestrados, desplazados, amenazados, víctimas todos ellos de organizaciones terroristas sin más calificativos posibles que el de miserables e inhumanos. Matan a gente de su pueblo, sin más, atendiendo siempre la sanguinaria premisa de arriesgarse poco, hacer mucho daño y destrozar personas, familias y pueblos.

Mi más enérgica repulsa que se suma, y lo he comprobado siempre, a la gran mayoría de las buenas gentes de nuestros países.

 Manuel Parra Cabello. Bogotá.

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