Por: Héctor Abad Faciolince

En defensa de Antioquia la grande

Como llevo tres meses fuera de Colombia y como suelo leer en papel la revista Semana, empezando por el revés, me había perdido una docena de columnas de Daniel Samper Ospina. Ante el escándalo de esta semana me metí a leerlas por la red, a ver si en alguna de ellas había confesado su pederastia, pues no puedo creer que todo un expresidente de la República llame a nadie “violador de niños” sin estar completamente seguro de lo que dice. No encontré nada que pudiera llevar a pensar lo anterior, pero sí burlas muy serias, que paso a comentar.

En su última columna, Samper Ospina se burla despiadadamente de la hermana república de Venezuela. Como si Venezuela no nos hubiera dado a Miranda, a don Andrés Bello (el gran filólogo y redactor del Código Civil), al Carreño del Manual, a Rómulo Gallegos, como si a Venezuela no le debiéramos nuestra mismísima Independencia, que celebramos esta semana, gracias al grande, al único, al Napoleón de América, Simón Bolívar. Solo por esta burla a Venezuela, que no dudo en calificar de racista, quisiera cancelar mi suscripción a la revista Semana, pero como no soy venezolano, no lo hago por esto.

En una columna anterior el columnista Samper Ospina se burló de manera infame de los mínimos errores de dicción de ese inolvidable alcalde de Bogotá, de ese chavista irreprochable que fue, ha sido y seguirá siempre siendo Gustavo Petro. Como si él tuviera la culpa de hablar mal y decir “ciudat” y “nacionalidat”, y como si el “Che Guevara de Zipaquirá” (así le dice el burlón Samper Ospina) no tuviera derecho, como cualquier colombiano de a pie, a usar zapatos Ferragamo de dos millones de pesos. También por esa mofa de Petro, por el defecto físico de no saber dónde apoyar la lengua, y por los zapatos caros, quisiera cancelar mi suscripción a la revista Semana, pero no lo hago por eso, porque yo no nací en Zipaquirá.

En una columna más, adobada con un video larguísimo de un discurso de la senadora (que, lo confieso, no fui capaz de terminar de ver), se burla Samper Ospina de doña Paloma Valencia, una mujer todavía en licencia de maternidad, quien quita que incluso amamantando aún, y hace un comentario injustamente jocoso sobre el nombre de la niña de la senadora. En un país en plena generación Y, en la que no hay persona que no tenga una i griega en el nombre, donde a las bebés las bautizan Usnavy, Yuley, Yoana, Laydy, etc., Danielito, en vez de alegrarse de que la recién nacida no lleve ye, le da por pegarse de una asociación muy distante entre el nombre de una flor, la amapola, y el hecho de que algunas subespecies de esta planta produzcan la materia prima de la heroína. Yo apostaría mi sombrero a que a Amapola la pusieron así por la canción, que el presidente Guillermo León Valencia, como quien dice el bisabuelo, solía cantar en diciembre con su vozarrón y su mandíbula (iba a poner prognata, pero no hay que burlarse de los defectos físicos de nadie). Si yo fuera Valencia, y caucano, cancelaría mi suscripción a Semana por burlarse de un nombre tan bonito y sin ye.

Pero no: lo que me lleva a cancelar la suscripción a Semana es la burla que hace Samper Ospina a Antioquia. No hay derecho: un departamento con semejantes montañas, con semejantes sombreros, gobernado por todo un Luis XV, con la única Santa del país, con el único objeto artesanal auténtico, el carriel, con una tradición secular en caballos de paso fino, una región que produjo a ese hombre de apellido Escobar por el que a uno le preguntan con tanto cariño en el mundo entero, no, eso sí es intolerable. Además que Ospina (deshonrando el apellido de un gran presidente antioqueño y conservador) es así cómplice del robo organizado por las Far para despojarnos de la gran urbe de Belén de Bajirá. Es inaceptable. Señor Felipe López: ¡cancéleme ya la suscripción a Semana! Y además declaro bajo juramento que Samper Ospina es un violador de Antioquia. Perdón: un violador de los derechos de Antioquia. Amén.

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