Por: Germán González

En defensa de la PILA

A nuestro país le pasa algo similar a lo que sucede en  tecnología: la realidad de ayer no es la misma hoy y será distinta mañana.

¿Quién iba a imaginar que hasta la semana pasada la desconocida Planilla Integrada de Liquidación de Aportes, conocida como PILA, ocupe posiblemente el segundo lugar dentro de las siglas más odiadas del país?

El encuestador de pequeños empresarios y trabajadores independientes preguntó: ¿Está de acuerdo con que el Estado le permita, utilizando la red de internet o mediante asistencia personalizada, diligenciar una planilla única para pagar todos sus aportes al Sistema de Protección Social? La respuesta con una muestra de un millón de personas fue contundente: No, 98%. Me encuentro dentro del 2% que está de acuerdo.

Independientemente de falencias en materia de publicidad de la medida, errores relacionados con operadores de información, el PILA es el ejemplo concreto del tan mencionado y no siempre entendido gobierno electrónico.

Con la PILA sucede como con otras aplicaciones de gobierno electrónico, hechas para facilitar la vida y acercar al ciudadano a la administración pública, aunque su implantación aparenta ser todo lo contrario. Basta mirar las enormes filas que se formaron en los lugares de asistencia a los ciudadanos para confirmar la paradoja mencionada.

Nadie discute que la tecnología, especialmente la internet, debe estar al servicio del ser humano. Con la PILA, un millón de colombianos, independientes o empresarios pequeños, diligenciarán un solo formato inteligente, antes eran más de tres, para pagar aportes de salud, pensiones, riesgos profesionales, etc.

Como esta medida permite que la Planilla pueda ser electrónica o asistida, las filas evidenciaron que si bien es imprescindible imponer este tipo de obligaciones, la mayoría de ciudadanos no tienen acceso a la internet,  generando una distribución desigual de beneficios sociales y económicos derivados de la tecnología.

El reto no puede ser menor. Es el momento de dejar de ser condescendientes con los que están socialmente excluidos por culpa de la brecha digital y tomar acciones para conectar a las personas a la red de redes para que encuentren sentido a la tecnología, porque es más agradable estar en línea que hacer fila para cumplir con las obligaciones de ciudadano. Esto es lo que se pretende al final con la PILA.

 

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