Por: César Rodríguez Garavito

En defensa de las acciones afirmativas

DANIEL MERA, DIRECTIVO DE LA Fundación Color, publicó un interesante artículo en El Tiempo.

En él, se viene lanza en ristre contra las medidas especiales (acciones afirmativas) que anunció el Gobierno para promover el acceso de los afrocolombianos a empleos, cupos educativos y otros espacios en los que han sido históricamente discriminados o excluidos.

El tema no es nuevo. Países de todo el mundo han adoptado medidas de ese tipo para romper la inercia y la discriminación que reproducen la desigualdad contra las mujeres, las personas con discapacidad, las minorías raciales y otros grupos. Prácticamente toda Europa tiene cupos especiales para las mujeres en el sector público. En Colombia existe la ley de cuotas a favor de las mujeres que aspiran a altos cargos estatales, la misma que tanto le disgusta a María Isabel Rueda pero sin la cual el Estado y la política serían, aún más, clubes de caballeros.

Lo que sí es nuevo es que el Gobierno se le mida a lanzar una iniciativa de este tipo. Y que la primera crítica venga de una importante organización de afrocolombianos destacados, que proponen un debate serio y necesario sobre un tema complejo. Me uno al debate con una crítica a su crítica.

Dice Mera que los negros no necesitan cupos especiales, sino que les permitan competir en igualdad de condiciones. Que las acciones afirmativas son un invento gringo, impuesto al Gobierno colombiano por congresistas negros de EE.UU. (cuyo voto es clave para el TLC, añado yo). Y que, si no queremos crear un conflicto racial que no existe en el país, hay que bajarle el tono a los reclamos étnicos y promover soluciones universales, como la lucha contra la pobreza.

El problema de esta visión es que, antes que una crítica, es una caricatura de las acciones afirmativas. Primero, no es cierto que estas medidas contra el racismo sean una rareza y una imposición gringas. Porque ellas han sido reclamadas durante décadas por organizaciones afrocolombianas, como Cimarrón y el Proceso de Comunidades Negras. Y porque la experiencia más reciente, cercana y relevante está en Brasil, no en EE.UU. Allí, Lula lanzó hace casi una década un ambicioso y exitoso programa de acciones afirmativas para la población negra, al mismo tiempo que emprendía programas contra la pobreza y proyectos de desarrollo que hoy tienen a Brasil en el club de las potencias mundiales. Ahí está la prueba de que una cosa no impide la otra, y que la lucha contra la pobreza no es suficiente.

Segundo, decir que lo que se necesita es dejar competir “en igualdad de condiciones” a los negros (o a las mujeres, o los discapacitados), es desconocer cuarenta años de estudios sobre el tema. Como lo han mostrado, entre muchos otros, Edward Telles en Brasil y Barbara Reskin en EE.UU., estas medidas son necesarias justamente para hacer posible la competencia equitativa en el largo plazo, porque buscan contrarrestar las trampas de pobreza o de desigualdad de oportunidades en las que se encuentran los afrodescendientes y otros grupos discriminados. Sin cuotas u otras formas de acción afirmativa (como becas, préstamos blandos, etc.), es posible que los afrocolombianos nunca puedan competir en igualdad de condiciones.

Cuando le preguntaron a Obama si sus hijas necesitarían acciones afirmativas para salir adelante, el entonces candidato presidencial respondió que no. Pero enseguida agregó que la mayoría de niños negros de su país seguían siendo pobres y discriminados y, por tanto, necesitando los programas de acción afirmativa. Bienvenidos el debate y la crítica de quienes, con todo mérito, han salido adelante. Pero hay que recordar que quedan muchos atrás.

* Coordinador del Observatorio de Discriminación Racial y miembro fundador de DeJuSticia (www.dejusticia.org)

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