Por: Claudia Morales

En defensa de Twitter

Crecí en un hogar común y corriente. Mi papá nació y vivió en el campo boyacense y fue piloto militar. Mi mamá fue hija de una pareja desterrada de Pasto que logró sentar bases en Villavicencio, se casó y fue ama de casa hasta que murió.

Lo esencial en mi familia era ser buena persona y eso, aunque nos lo inculcaban con discursos, también nos lo enseñaban, sin que papá y mamá fueran realmente conscientes de eso, con su comportamiento y con algo que se quedó como un tatuaje: en la forma de tratar a los demás y en entender que somos seres iguales sin importar el origen, el apellido, la raza o la ideología.

Les cuento este pedazo de mi historia para concluir que ser buena persona, en últimas, se nota en todo lo que hacemos. Howard Gardner, sicólogo y premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, escribió Verdad, belleza y bondad reformuladas, un libro precioso, que apunta a que esas tres virtudes deben ser el enfoque primordial de la crianza de nuestros hijos como semilla para formar grandes personas.

¿Qué tiene que ver esto con Twitter? Mucho, no solo con esa red social sino con todas. Reflexioné sobre el tema luego de leer la columna de Felipe Zuleta, su tono y la decisión de cerrar su cuenta. Tiene razón el señor cuando dice que Twitter es una “cloaca”, ¿o es que nos movemos en mundos impolutos, decentes y bien hablados? No. También apunta a una verdad el periodista Jon Lee Anderson cuando afirma que “las redes son como un basurero”, el maestro Vargas Llosa cuando reclama menos redes y más libros, y el filósofo Savater cuando señala que le escandaliza ver gente exponiendo su intimidad en las redes sociales.

Hay, sin embargo, un fragmento del texto de Zuleta en el que es evidente su condición aristocrática y sobre el que tomo distancia por ser carente de nobleza, no la que se hereda de la corona, sino esa que emanan los buenos seres humanos. Si uno no tiene claro que una red social es para conocer criterios, compartir información, preguntar, responder dudas y atender solicitudes, significa que no debemos, nunca, pasearnos por esas ondas imperceptibles.

Pongo al margen del análisis a los internautas que bajo el anonimato o sin él agreden y amenazan, porque si de eso se trata, yo tampoco pierdo el tiempo y también uso la opción de bloquear. Si usted llega a mi casa y en la puerta me dice vieja hijueputa enmermelada, o uribista asesina, como me pasa algunas veces, no tiene opción de poner un pie adentro. Pasa igual en una red social. Pero dejando esa bien llamada cloaca a un lado, lo cierto es que gracias a Twitter vale la pena escribir una columna en este periódico, fue grato ser periodista de radio y, desde lo personal, lo valoro porque por esa red conocí personas que de otra manera no hubieran pasado por mi vida.

Uno sobrevive en este mundo teniendo claros los principios, igual pasa en Twitter. Yo no escribo a los putazos si así no hablo en mi casa, no amenazo a nadie ni me burlo del más débil en una red si no es eso lo que hago en los escenarios de mi vida. Paralelo a eso, sé que si no tuviera tantos seguidores distintos a mí, no aprendería nuevas ideas ni confrontaría mis propias creencias. En fin, somos de donde crecimos y ese lugar me formó para pensar que muchos desconocidos son iguales a mí y pueden “hablar de tú a tú” conmigo. Twitter sí les da lo que natura sólo pone en la cabeza de algunos.

* Periodista. @ClaMoralesM

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