Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

En defensa del Congreso

LAS CRÍTICAS CONTRA EL CONGREso de la República y sus miembros son permanentes; no importa si hubo una elección reciente en la que la gente tuvo posibilidad de elegir y votar, y tampoco si los elegidos trabajan o no.

La realidad es que el Congreso está estigmatizado desde hace varios años. Se dice comúnmente que los congresistas son corruptos y que el Gobierno los compra para que voten las leyes que éste requiere para gobernar. Tal es el caso de la llamada yidispolítica, por cuya cuenta hay varios ministros investigados por ofrecer puestos y recursos por el voto para el proyecto de la reelección presidencial. Y en este capítulo de nuestra historia sólo hasta hace poco se cuestionó al gobierno que ofreció dádivas, mientras se condenó en todas las formas al Legislativo en un asunto en el que obviamente hubo dos partes: una, de miembros del gobierno, que ofrecía, y otra, de congresistas inescrupulosos, que recibía.

Es bajo estas circunstancias que para cambiarle la imagen al Congreso se hace necesario un trabajo de doble vía que genere un cambio de las costumbres en ambos lados de la balanza. El gobierno debe sacar adelante sus iniciativas y lograr la aprobación de proyectos porque son buenos para el país y porque generen el convencimiento de sus bondades para el sistema; los congresistas, por su parte, tienen que ser proactivos, trabajar, estudiar y presentar leyes que beneficien a las comunidades en general y no sólo a las que ellos representan. De ahí la importancia de una coalición amplia, pues ello ayuda para que el gobierno no esté a merced de un partido político u otro para hacer mayorías.

Un tema complejo de resolver, e igualmente importante para el tema que nos ocupa, es la financiación de las campañas y la relación de congresistas con personas no deseables que dominan las regiones, como los paras o la guerrilla, lo que los deja totalmente dependientes y amarrados a estos grupos fuera de la ley que luego les pasan la cuenta de cobro. En este sentido es claro el señalamiento de algunos partidos y congresistas y salvo medidas sancionatorias no se ha hecho mucho al respecto. Cierto es que se trata de una minoría, aunque cada vez es más difícil en las regiones la financiación, pues a la elección del Legislativo se sumó la de alcaldes y gobernadores, lo que genera un poder real en las regiones a través de recursos y contratos. Habrá entonces que meterle la mano a este tema, debido también a los altos costos que implica hacer hoy por hoy una campaña política en Colombia, si en algo se quiere mejorar la imagen y percepción del Congreso.

Este nuevo gobierno y el nuevo Congreso arrancan a jugar con ventajas a su favor, por lo que tienen una oportunidad para cambiar las cosas; es la ocasión ideal para mostrar que ambos son aliados en busca del desarrollo económico y social de sus regiones y su país y del progreso de sus gentes. La práctica común del anterior régimen debe ser entonces parte del pasado.

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