En defensa del Esmad y la miopía de la ONU

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Gastar tinta y trinos atacando al Esmad es populista y acomodado. Hacerlo es sumarse irresponsablemente a una de las demandas más constantes de la guerrilla y grupos ilegales del país para que puedan actuar fácilmente en las zonas rurales practicando narcotráfico y minería ilegal y acceder a tierras que no les pertenecen.

La ofensiva contra este grupo que hace parte del Comando de Unidades Operativas Especiales de la Policía, la han encabezado desde que empezaron las negociaciones del proceso de paz, las Farc, luego el Eln y ahora un ejército en las redes sociales y algunos despistados en la ONU.

La semana pasada, Naciones Unidas, dentro su informe anual sobre la situación de Derechos Humanos en el país, redactado por el Alto Comisionado para los Derechos Humanos en Colombia, pidió hacer una profunda transformación al Esmad.

Valdría la pena recordarle a esta prestigiosa oficina la extensa y profunda misión que tiene este grupo de la Policía en la protección y defensa de la mayoría de los colombianos. El personal del Esmad no solo es el encargado de enfrentar las protestas cuando se tornan violentas, es también el responsable del control de disturbios y bloqueos y, además, el acompañante a desalojos de espacios públicos o privados en áreas rurales o urbanas, con la eventual materialización de hechos terroristas, para restablecer el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanas.

Junto a la aspersión con glifosato y los bombardeos nocturnos, el Esmad siempre fue una de las armas más temidas del Estado por las Farc. El químico destruyó gran parte de los cultivos de droga, las bombas fueron cruciales en los ataques a los campamentos de los líderes guerrilleros, y el Esmad ayuda hasta ahora en la defensa de la propiedad privada en zonas calientes y realiza el desalojo en cultivos cocaleros. De estas tres armas, solo la última no pudo ser tocada durante el proceso de paz. Ahora, por otros medios, están buscando desmontarla. Esa es la verdad.

Nadie puede estar de acuerdo con que mueran civiles en las manifestaciones y no se puede estar en contra de la protesta social. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Si el Esmad ha ocasionado desmanes en casos puntuales, se debe encontrar a los culpables y aplicar los correctivos necesarios, pero otra cosa muy diferente es hacer un llamado como el que hace la ONU para que se haga un cambio profundo en esa institución.

Las cifras oficiales demuestran que en realidad en los últimos años la acción del Esmad no es como quieren presentarla. En el 2019 hubo alrededor de 3.600 protestas, más de 1.300 concentraciones y casi 1.100 marchas. Con toda esa actividad el único caso lamentable que se presentó, que no debió ocurrir, fue el de Dilan Cruz. Por el contrario, entre 2018 y 2019 la institución asegura que seis agentes del Esmad murieron prestando el servicio y atendiendo hechos de orden público. Las cosas como son.

La sugerencia de la ONU no solamente es equivocada si no que desconoce la realidad que se vive con la invasión de terrenos en departamentos como el Cauca y Nariño, y además se pone del lado de las pretensiones del Eln y de las Farc ahora en la política que, dicho sea de paso, fueron rechazadas durante las negociaciones del proceso de paz. Si se estuvo en desacuerdo con que el presidente Duque objetara algunos puntos de la Ley Estatutaria, entonces se tiene que rechazar la intención de revivir otro punto que ya quedó enterrado en los anales de las negociaciones de paz. Coherencia por favor.

Señores ONU, es invaluable el trabajo que hacen en Colombia. Su visión imparcial es necesaria para que el país avance multidimensionalmente. No podemos darnos el lujo de tener una entidad tan importante permeada ciegamente de intenciones vedadas o discursos miopes. La responsabilidad de la entidad es inmensa. Hay que abrir el espectro y escuchar todas las voces.

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