Por: Jorge Tovar

En defensa del fútbol

A cada triunfo del deporte no futbolero colombiano salen memes, comentarios, notas y columnas comparando tales victorias con el aparente estado de fracaso permanente del fútbol. Medio en broma, medio en serio, alguna vez escuché aquello de que “después del primero los demás son perdedores”. No deja de tener su punto de verdad, pero el mundo real no es tan absoluto. Ganar siempre será meritorio, por la sencilla razón de que es difícil. Sea en Nacionales, Panamericanos, Olímpicos o Mundiales. Ha sido así desde Pambelé y Cochise en los 70, hasta el que de lejos es el triunfo más grande del deporte colombiano en su historia: el Tour de Francia de Egan Bernal.

El hito del de Zipaquirá, sin embargo, no eclipsa las gestas de María Isabel, Mariana, Caterine u Óscar Figueroa, todos medalla de oro en los Olímpicos. Así como estos no minimizan los logros, así no fueran dorados, de Bellingrodt, Yuri Alvear o Ximena Restrepo.

Competir y disputar el triunfo a los mejores del mundo requiere de esfuerzo y talento, pero también de dinero y mucha suerte. De ahí surgen las críticas y burlas al fútbol, que absorbe la mayoría de recursos disponibles. Pero todo es relativo.

Los generosos recursos que recibe el fútbol lo son relativo a los demás deportes del país. Pero son escasos cuando se comparan con lo que manejan las potencias mundiales.

El flujo de dinero se explica en la popularidad del fútbol en el mundo. La masa crítica contra la que compiten James o Falcao para destacar es mucho mayor que la que enfrentan quienes eligen otro deporte. En el mundo hay más futbolistas en potencia que en cualquier otro deporte.

Pero, además, el fútbol colombiano no es un fracasado. Al menos desde los 80. Más allá de unas pocas victorias a nivel de clubes, la selección de Colombia es hoy por hoy un equipo respetado.

Para los más jóvenes. Hasta los 80, Colombia era vista como hoy miramos a Bolivia. Ni siquiera la Venezuela emergente actual. La generación de los 90 nos puso en el mapa futbolero. No en resultados, sí en estilo. A pesar de que hace años no jugamos al toque-toque, aún se habla de ese como el “estilo de la selección”.

Tras una generación de transición, la actual pasó de “participar” en un Mundial a “disputar” el Mundial. En 2014 perdimos con el local, tras un discutible gol anulado. En 2018 salimos en la tanda de penales. No ganamos, pero el nivel fue de élite.

Como aficionados siempre pediremos más. ¿Por qué Lucho Herrera siempre llegaba rezagado al último puerto? ¿Por qué Nairo no atacó a Froome? ¿Por qué no ganamos la Copa América? La realidad es que en ciclismo, fútbol y algún otro deporte hace años competimos, ya no somos simples participantes. La selección no fue campeona, pero demostró estar entre las mejores. A mí esos memes no me producen risa.

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