Comunidad y desarrollo

En defensa del Paisaje Cultural Cafetero

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Al Paisaje Cultural Cafetero (PCC) le ha caído una roya peor que la del café, integrada por unos advenedizos que, sin ningún sentido de pertenencia, llegan a comprar fincas cafeteras para luego destruirlas y dar paso a otros cultivos que nada tienen que ver con el café, entre ellos el aguacate hass.

Por eso, es hora de organizarnos en defensa del Paisaje Cultural Cafetero. No podemos quedarnos quietos frente a semejante infamia; hemos visto derramar lágrimas a varios de sus habitantes por semejante destrucción. Tan pronto pase la pandemia del coronavirus, se realizará en Manizales el foro "En defensa del Paisaje Cultural Cafetero".

Sería muy importante que gobernadores y alcaldes del PCC, en coordinación con los comités departamentales y municipales, tomaran cartas en el asunto, fijando parámetros muy claros para impedir se continúe con la destrucción de todo un monumento al orgullo, pulcritud y grandeza de lo que es un emporio de riqueza cafetera, cultura agroturística, agroindustrial y ambiental, que nada les ha costado.

El patrimonio paisajístico más preciado y sublime que nos hayan dejado nuestros antepasados está en el PCC, integrado por varios municipios, corregimientos, caseríos y veredas de los departamentos de Caldas, Risaralda, Quindío y Valle.

El departamento de Caldas es el que más municipios y veredas alberga dentro del PCC. En cada finca o hacienda, por pequeña que ella sea, está la presencia de un humilde campesino que muy de madrugada, hasta declinar el sol, sale con su frente en alto a construir el futuro de la Colombia rural cafetera.

Los cafetos, con sus bellos azahares, son la antesala de la cosecha, y cuando aparece el grano verde a los pocos días empieza a teñirse de rojo para anunciar a sus cultivadores que ha llegado la hora de la recolección, para convertir los granos tostados en los más deliciosos aromas que embriagan el espíritu y dan rienda suelta a reuniones sociales, empresariales y agroindustriales.

Desde hace varios años, bajo el liderazgo del gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez, se vienen promoviendo los cafés especiales tipo exportación, que se han tomado los más exigentes mercados europeos, estadounidenses y asiáticos.

Hay cientos de madres cabeza de familia que se han dedicado al cultivo del café y también como recolectoras o chapoleras, dándole un tinte de colorido y belleza femenina a los cafetales del PCC.

Todos estos quehaceres en su conjunto son un monumento de pulcritud y de grandeza. En su comunidad y desarrollo están comprometidas otras instituciones como la de los arrieros, que con sus recuas de mulas fueron los primeros transportadores del progreso por todas las regiones de Colombia.

En la construcción y conservación del PCC tienen sus raíces, sus glorias y bonanzas quienes fueron los pioneros del viejo Caldas, que, a lomo de mula, transportaron los insumos para los primeros cultivos. Hoy están llenos de nostalgia, dolor y tristeza, por la destrucción a la que está siendo sometido el PCC por un grupo de forasteros sin el más mínimo sentido de pertenencia.

También están involucrados pioneros que partieron de nuestra madre Antioquia, derribando selva; con cada golpe de hacha, abrían el futuro que ya estaba predestinado para el cultivo del café.

Aparecieron luego las variedades de borbón y arábigo, que, con su delicioso aroma, conquistaron el corazón de los más exquisitos paladares nacionales e internacionales, hasta dar paso a la inspiración de notables escritores y románticos poetas, que, junto con las musas del harem, sus viviendas, secaderos y demás infraestructuras, le han venido dando forma de belleza, colorido, amor y poesía.

Cuando no existe el sentido de pertenencia frente a un hecho histórico y colectivo, no importa su destrucción, ni tampoco los hechos sobrevinientes sobre la infamia. Solo les interesa atesorar dinero, sin respetar el pasado, maltratando el presente y sembrando un futuro incierto de destrucción y de miseria para presentes y futuras generaciones.

Nos seguiremos refiriendo con profundo dolor, rabia y lágrimas al PCC, reconocido por la Unesco desde el año 2012 como patrimonio de la humanidad y que involucra, repetimos, a buen número de municipios de Caldas, Risaralda, Quindío y Valle, junto con cientos de veredas, corregimientos y caseríos.

La construcción e historia del PCC nacieron con la visión y la esperanza de quienes habitaron por primera vez las selvas de lo que hoy son los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío.

Esperamos que Telecafé, al que consideramos adalid del Paisaje Cultural Cafetero, se vincule a tan importante labor en defensa de nuestros ideales.

urielos@telmex.net.co

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