En diplomacia, Colombia no tiene límites

Noticias destacadas de Opinión

Colombia no ha sido un Estado con grandes triunfos diplomáticos. Unos lo achacarán a la “media docena” de violencias que hemos vivido como nación. Lo cierto es que en política exterior hemos carecido históricamente de virtuosismo. Tres ejemplos: Panamá, Perú y Nicaragua. Comencemos por el Istmo: luego de la Guerra de los Mil Días, la cereza en el pastel fue la pérdida de Panamá. Cuentan que en Bogotá se dieron cuenta de las nuevas fronteras del país luego de varios días de acontecido el hecho cuando unos “indignados” de la época convocaron a una revuelta que concluyó con una reunión abierta en el Teatro Municipal, donde primaron las alegorías de unos dirigentes tardíamente envalentonados. Conclusión, perdimos Panamá que se sentía más cerca de Washington y muy lejos de la fría y gramatical capital del país que a principios del siglo XX era gobernada por “verseros” en materia internacional.

Perú: En 1930 un empresario azucarero peruano, por necesidades de orden tributario, constriñó a la fuerza pública peruana a invadir territorio colombiano. Fue así como se tomaron Leticia dando inicio a un conflicto que tuvo como engendro el desconocimiento del Tratado Lozano-Salomón que años atrás había zanjado el diferendo territorial entre Perú y Colombia. En 1932, de pronto por las lecciones de la pérdida de Panamá, el país espabiló. Más de 20 mil cartas de apoyo al gobierno de Enrique Olaya Herrera llegaron al periódico El Tiempo (algo así como la “tendencia” del momento) mientras el opositor conservador Laureano Gómez arengaba en el parlamento “Paz, paz, paz en lo interior y guerra, guerra, guerra en la frontera contra el enemigo felón”. Gracias a la acción militar (no diplomática) del general Vásquez Cobo que adquirió una vetusta flota de naves en Europa y a la ayuda de empresarios alemanes de Scadta, quienes improvisaron sus aeronaves comerciales como aviones de combate, Colombia pudo recuperar su territorio luego de que una comisión de la Sociedad de las Naciones resolviera un año después las diferencias. La diplomacia apareció en escena en Río de Janeiro cuando se firmó restablecer el acuerdo desconocido. Como recuerdo queda el municipio boyacense Paz de Río donde sus autoridades homenajearon este territorio gracias a la paz firmada entre ambas naciones.

Nicaragua: Todo comenzó en 1980 cuando la Junta de Reconstrucción de Nicaragua, organismo supremo de la revolución sandinista que derrocó a Anastasio Somoza, denunció en una argumentación difusa e ideologizada el tratado Esguerra-Bárcenas que desde 1928 definió el carácter territorial y marcó para siempre las relaciones internacionales entre Colombia y Nicaragua. Hace 41 años que este país “corre la cerca” diplomática contra Colombia por medio de interpretaciones internacionales que comenzaron reclamando soberanía hasta recurrir a tribunales que no tienen competencia para examinar los límites de tratados vigentes y ratificados por ambos parlamentos. En otras palabras, la Corte Internacional de Justicia no puede cambiar la delimitación que está consagrada en nuestra Constitución, punto. Pero nuestra aletargada acción en materia de relaciones internacionales (de siempre, no de hoy) nos llevó a rechazar la decisión de ese tribunal. Sin embargo, el país continúa siendo su miembro. La falta de lucidez en el manejo de la información oficial frente a este tema puede comprometer, incluso, la pérdida del Seaflower, una riqueza Biosfera declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco localizada en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Esta área de 180 mil kilómetros está en riesgo, no solo por las acciones de la Asamblea de Nicaragua, sino porque ni el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) ni la Dirección Marítima (DIMAR) ni la Cancillería han fijado los límites de esta riqueza marítima.

¡Así como lo leen, hoy Colombia no tiene delimitación de base de la zona en disputa!

@pedroviverost

Comparte en redes: