Por: Humberto de la Calle

En el Club de Ordóñez

Cuenta la Cancillería paraguaya, en publicación oficial, que “los representantes permanentes ante la OEA de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Paraguay” enviaron al secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una carta que, bien leída, muestra el ingreso de Colombia al Club de los países remisos a las actuaciones de ese sistema fundamental para la democracia. ¿Cumple Ordóñez instrucciones, como corresponde a un embajador? O, por el contrario, ¿utiliza su tribuna para actuar por cuenta propia?

La carta paraguaya reclama más autonomía de los países, proclama la necesidad de reconocer un margen nacional de apreciación, pide proporcionalidad para las reparaciones y aspira a que, en sus decisiones, el sistema tome en consideración “las realidades políticas, económicas y sociales” de los Estados parte. Pese al lenguaje melifluo de la diplomacia, es la misma jerga utilizada tanto por Fujimori como por Chávez. No nos engañemos. Eso realmente lo que quiere decir es que Ordóñez (¿o Colombia?) desea poner freno a la competencia del Sistema de Derechos Humanos. Es una abrupta ruptura con una tradición de nuestros gobiernos. Y en cuanto a lo de las realidades “políticas”, es bueno saber cuál es la interpretación oficial de nuestra Cancillería. Porque ese es el argumento usualmente utilizado para proclamar que hay víctimas de víctimas. Que algunas violaciones de los derechos obedecen a necesidades políticas. Es preciso que sepamos si este documento es una travesura de Ordóñez, o si fue producto de instrucciones del Gobierno. Travesura que se sumaría al desatino sobre la migración venezolana. Oye, Holmes, hasta hoy, de rectificación, nada de nada.

Si lo primero, grave. Sería una nueva desviación de sus poderes. Si es el Gobierno, más grave aún. Coincidiría con el episodio de la visita de la JEP a la CIDH. Para no exagerar, claro que en los litigios la voz cantante es la del Gobierno. Pero el canciller no tuvo en cuenta en su reclamo que estas son sesiones informativas sobre las cuales hay suficientes antecedentes. Y el manejo no fue bueno. ¿Debería haber conciliado Holmes con la Comisión y la JEP, mediante conversaciones directas? Porque, en todo caso, aun sopesando las razones del canciller, el resultado fue ruinoso: una carta pública bastante pugnaz al secretario de la CIDH, que sometió al país a la vergüenza de la respuesta que, en lenguaje del barrio La Perseverancia, lo que quiere decir es: ¡Me importa un chorizo su carta, señor canciller! Muy mala cosa.

Y peor aún la oportunidad. Porque todo este indeseable cúmulo de situaciones coincide con una marcada reticencia del Gobierno, diga lo que diga, a apoyar y facilitar la tarea de la JEP.

Coda: Marta Lucía regaña a Ordóñez y luego lo defiende, pasando por encima del presidente. Dice que Ordóñez es un general de cuatro soles. Un señor que quemó libros, hizo intercambio de favores para reelegirse, usó su poder de manera sesgada y ahora lleva a la hoguera también a los panas migrantes. Pobres generales con esa comparación. Con soles o sin soles.

 

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