En guerra contra los jóvenes

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Pareciera que hubiera confabulación contra los jóvenes. Son jóvenes los que cayeron muertos o heridos por balas disparadas por la policía en esta semana trágica para Bogotá y Colombia. Jóvenes son también los policías heridos. Centenares de familias colombianas llenas de dolor y frustración y, con excepciones como la de la alcaldesa Claudia López, gobernadas por autoridades indolentes.

Para rematar, los datos del Dane sobre empleo muestran lo que puede ser el “eterno retorno”, solo que multiplicado: los jóvenes, siempre los mayores damnificados en términos del desempleo, son las mayores víctimas laborales en la época de la pandemia. Sin perspectivas laborales, millones tienen miedo del presente y del futuro. Nadie les ofrece esperanza. Más allá del uso desproporcionado de la fuerza de parte de la Policía, costoso en vidas humanas, tanto en caso del asesinato del abogado Ordoñez como de jóvenes caídos en las jornada de protesta, las reacciones de quienes tienen altas responsabilidades públicas, gobernantes y líderes políticos, nos recuerdan el déficit de respeto por la vida dentro de sus prioridades. Para comenzar, la Policía, de acuerdo con la Constitución, reporta a los alcaldes. El comportamiento ilegal de algunos servidores fue avalado por el Gobierno Nacional. Declaraciones ausentes de empatía y condolencias por los jóvenes, resaltando la “gallardía” de sus procedimientos son un golpe bajo al sistema democrático.

Sin olvidar un hecho de bulto: la inmensa mayoría de servidores de la Fuerza Publica son personas cumplidoras de su deber, honradas, muchos de los cuales optaron por sus carreras en calidad de jóvenes en busca de oportunidades prestando un servicio público. Lo ocurrido en una noche en Bogota supera la suma de los actos criminales de policías desbocados en los Estados Unidos en contra de afroamericanos en cerca de una década. El asesinato de Javier Ordoñez, para desconsuelo nuestro, supera en sevicia el de George Floyd, el hombre asfixiado por policías en Mineápolis cuyo asesinato desató centenares de protestas en los Estados Unidos en contra del racismo y la xenofobia. Allá, como acá, también hubo, hay, vandalismo en algunas de las marchas. Injustificables hechos que culminan en destrucción de patrimonio público y privado. Y que, de manera lamentable, sujetos como Trump anhelan y utilizan para presentarse como los líderes que representan la ley y el orden. La ciudadanía indignada debe rechazar los llamados a la militarización de las ciudades, reclamar la reforma a la Policía y el castigo a los responsables de los crímenes cometidos por agentes suyos. Y, sin duda alguna, debe oponerse a los actos vandálicos y repudiar los llamados de quienes los promuevan. Toda convocatoria incendiaria, de derecha o izquierda que pueda redundar en pérdida de vidas humanas, debe ser rechazada de plano. En contraste con la ausencia de liderazgo en el orden nacional, la alcaldesa Claudia López, defensora de la vida de los jóvenes, denunciante de los crímenes, promotora de la jornada de perdón y reconciliación, muestra, de nuevo, su pertinencia y valor en este país que castiga a los jóvenes.

En cuanto al desempleo juvenil, conocer que en Popayán, Neiva e Ibagué, supera el 45%, que en Cali y Bogotá está en 35%, cifras sin antecedentes, da para protestas masivas en las semanas y meses por venir. ¡Es una obligaciön respetar su vida!

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