Por: Marcos Peckel

En la punta de África

Ciudad del Cabo. Vendida como la más bella ciudad de África, el calificativo no está lejos de la realidad en esta ciudad que exhibe la mágica combinación de montañas y mar. A pocos kilómetros de acá por el Cabo de Buena Esperanza, los navegantes portugueses hace cinco siglos surcaron por primera vez las aguas que unen dos océanos, Atlántico e Índico, abriendo las rutas comerciales entre el viejo continente y la India.

A estas tierras llegarían los holandeses en 1652, primeros colonizadores del sur de África, y un siglo después arribaría el poderoso imperio británico empujando a los holandeses originales tierra adentro. Una vez se descubren las inmensas vetas de diamantes y oro, estallan las guerras por ese botín entre los bóers, descendientes de los holandeses y los británicos.

1910 marca el año de la independencia de Sudáfrica y en 1948 se instaura de manera oficial el régimen del apartheid. La población queda dividida en cuatro razas: blancos, negros, de color y asiáticos. Sólo los blancos, un 10 % de la población, se arrogan el derecho a elegir y ser elegidos. Todo termina cuando un señor, Nelson Mandela, líder del Congreso Nacional Africano (CNA), es liberado tras 27 años en la cárcel y negocia con el último presidente blanco, Frederik de Klerk, la transición hacia la democracia plena y la igualdad de las razas. De dos idiomas oficiales, inglés y afrikáner (holandés africanizado), se pasó a once, reconociéndose los vernáculos de las etnias tribales.

Tras los primeros y virtuosos presidentes negros, Nelson Mandela y Tabo Mbeki, el actual presidente sudafricano, carismático y excéntrico, Jacob Zuma, también del CNA, encara múltiples escándalos de corrupción y acusaciones por violación. Pareciera el CNA seguir los pasos del FLN en Argelia, ZANU en Zimbabue, los sandinistas en Nicaragua y otras organizaciones revolucionarias que cuando llegan al poder se corrompen. Sin embargo, en Sudáfrica se construyó una sólida democracia con una rígida división de poderes que garantiza que el ejecutivo no pueda estar al margen de la ley.

Desde la autopista que conduce del aeropuerto de Ciudad del Cabo al centro se pasa por varios “townships”, los tugurios negros famosos por su lucha durante la época del apartheid. Nos contó una de las leyendas vivas de este país, el príncipe zulú Mangosuthu Buthelezi, que la pobreza sigue siendo una de las tareas pendientes que afectan a 17 millones de habitantes, al igual que los grandes latifundios en poder de blancos, aunque se opone a aplicar la fórmula usada en Zimbabue de expropiación sin compensación que arruinó al país.

En Ciudad del Cabo, ciudad rodeada de agua, desaparecieron las lluvias, los embalses están en mínimos y el agua potable restringida y racionada. Típico problema tercermundista que aqueja a esta imponente urbe, sin duda una de las más hermosas del mundo.

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