Por: Hernán Peláez Restrepo

En las mismas...

Nuestra selección no viene jugando bien y mucho menos consiguiendo optimistas resultados. Es más, cada día la tendencia es ingresar a la zona de repechaje, en la que la pelea es cerrada con Ecuador, Uruguay y quizás uno más que se arrime, dependiendo de los dos resultados venideros.

Esto para aclarar que no podemos hablar de decepción después de la caída ante Venezuela. Más bien sí, de la preocupación porque no se ve ni equipo, ni cantidad suficiente de jugadores para cambiar la forma de atacar. El problema para el señor Lara es no tener claro el grupo para enfrentar a los ecuatorianos, cuya formación, y lo sabemos bien, es aplicada a programas defensivos cerrados y esperanzados en un contragolpe.

La convocatoria de los jugadores que trabajan en Europa está condicionada a la época que viven, están todavía algunos en plena pretemporada y otros, como los de Portugal, apenas inician campaña. Las distintas fórmulas de ataque en pareja aún no cuajan. Falcao-Rodallega, Falcao-Watson, Falcao-Teófilo, Falcao-Darwin, en la que el jugador base es Falcao, no dieron todavía los resultados esperados.

Si en el campeonato doméstico venimos apreciando goles de factura, muchos de ellos conseguidos con remates a distancia, en la selección continuamos intentando llegar hasta las barbas del arquero contrario. La esperanza podría estar, en este aspecto, reducida a Vladimir Marín y Freddy Guarín, quienes tienen con qué atreverse, porque le pegan fuerte. No estamos por lo visto saliendo por los costados en busca de localizar un centro claro para los cabeceadores. Tal vez la excepción sea Pablo Armero, quien tiene poder de aceleración cuando decide ir hasta la raya del fondo.

Siempre, en los últimos pasos de las selecciones de Colombia y Ecuador, la idea primaria es no recibir goles, para lo cual se arman esquemas defensivos, pero tampoco la zona nuestra del momento, con Córdoba, Yepes y Perea, está brindando seguridad.

Disponemos de buenos jugadores en equipos de aquí y de allá, sin identidad para jugar en la selección. Ahí está radicado el problema. En épocas pasadas, uno bien podía criticar el desgastado toque-toque, que por cierto no pasa de moda y que adormecía a los rivales. En el actual grupo no se ve cohesión entre líneas y menos liderazgo dentro del campo, liderazgo para ordenar y empujar el grupo. Y caemos en lugares comunes, como resultan los tiros de esquina donde los cobradores son siempre los portadores del papel de volante de enganche.

Más que reclutar jugadores, Lara y sus asistentes deben perfilar bien el plan de juego y con quiénes jugarlo. Quizás sobren nombres, aunque a esta altura es necesario quemar bien los últimos cartuchos.

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