Por: José Salgar

En los 20 años de la muerte de Galán

AL ACERCARSE EL VIGÉSIMO ANIversario del asesinato de Luis Carlos Galán están en proceso libros y semblanzas para rendir homenaje a su memoria y destacar la falta que le ha hecho a Colombia.

Galán tuvo una vida corta pero de extraordinaria formación para la vida pública. Como otras grandes figuras nacionales se inició en el ambiente del mejor periodismo de su época y pronto ascendió a liderazgos en el gobierno y en la política. Su paso como embajador en Italia lo aprovechó no sólo para el ejercicio diplomático sino para profundizar sus conocimientos. En una ocasión fuimos testigos de sus intensos recorridos por las librerías de Roma y de su dedicación a precisar conceptos universales útiles para momentos presentes y futuros de la vida colombiana.

Galán alcanzó a tener la fortaleza de los que fueron grandes presidentes de la nueva Colombia que comenzó en 1930. Era liberal, de izquierda pero enemigo de los extremismos, a la manera del trío Olaya-López-Santos o de sucesores con la altura de un Alberto Lleras, la energía de un Carlos Lleras, o la filosofía de un Echandía.

Al morir, Galán iba directamente hacia la Presidencia de la República, con la entereza total de sus convicciones liberales y colombianistas. Por eso la alianza criminal del narcotráfico y las guerrillas lo vio como el más duro de sus enemigos y le decretó la pena de muerte, como a tantos otros personajes ilustres de los últimos cincuenta años.

En la Colombia de hoy es de especial importancia examinar la vida de Luis Carlos Galán y lo que significa su ausencia. Cuál sería su posición frente a los diversos desarrollos sociales y políticos, a la dispersión de los grupos liberales, a las grandes crisis en todos los frentes nacionales e internacionales.

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