En Nariño: tiempo de florecer

 “Te hablo de noches dulces, junto a los manantiales, junto a los cielos, que tiemblan temerosos entre alas azules.

Te hablo de una voz que me es brisa constante, en mi canción moviendo toda palabra mía, como ese aliento que toda hoja mueve en el sur, tan dulcemente,

 toda hoja, noche día, suavemente en el sur”.

En el poema ‘Morada al Sur’, nuestro gran poeta Aurelio Arturo describió más bellamente que nadie la tierra en que vivimos. Esta tierra que es cordillerana, amazónica y pacífica, donde no sólo la tierra sino también la gente es de todos los colores.

Este es un encuentro del mundo andino al cual hemos pertenecido siempre, pues hasta aquí se extendió el gran Imperio de los incas que tenía su límite septentrional en el río Patía.

Tendemos puentes entre el pasado milenario y el futuro necesario, usando como instrumento la cultura y el arte. Toda sociedad necesita raíces profundas para crecer fuerte y lozana. Ellas están en la cosmovisión de los habitantes originarios de nuestro continente.

El modelo de desarrollo que llamamos occidental está descubriendo que la explotación de la naturaleza tiene límites. Eso lo sabían desde siempre nuestros ancestros. La Madre Tierra y el ser humano tienen que convivir armónicamente. Ella siempre nos ha acogido en su seno. Nosotros no le hemos correspondido, hasta cuando empezamos a vislumbrar que ese camino de irrespeto a la Tierra nos conduciría inevitablemente al fin de las civilizaciones.

Por eso hemos invitado a sabedores, taitas, chamanes y abuelos sabios de todo el continente, así como a académicos y profesores expertos, para que hablemos de esta cosmovisión. Han estado con nosotros 58 sabios y sabedores indígenas de ocho países y de todas las regiones de Colombia, desde la Sierra Nevada, guardiana del Caribe, hasta la Amazonia y los Andes de Nariño y Putumayo.

Con ellos se realizan 24 rituales y ceremonias. Asimismo, 48 conferencias y charlas sobre temas de indígenas y de afrodescendientes, bautizadas bellamente “Jardín de Palabras” y “Surco de Saberes”. En ese ciclo de charlas participan, a más de los indígenas, 30 invitados especiales.

Se realizaron 21 eventos educativos para niños y jóvenes sobre agua, naturaleza y cultura y se efectuó la VI Cumbre de los seis pueblos indígenas de Nariño.

Pero este también es un encuentro de expresiones del Arte Andino. Tuvimos en la primera semana el V Festival de Cine de Pasto con la proyección de 55 filmes y documentales cuyo tema central es el mundo indígena. Esta combinación de sabedores tradicionales y películas en la misma semana, es única en el mundo.

La última semana de agosto se realizará el XIII Festival Internacional de Teatro de Pasto con la puesta en escena de 24 obras de teatro en salas y en la calle.

Se está ya llevando a cabo el X Festival Internacional Universitario de Danza Folclórica Guillermo de Castellana con grupos de ocho países. Tenemos también música, artes plásticas, artesanía y gastronomía de la región andina.

Así, pues, más de 200 eventos y 400 invitados nacionales e internacionales están con nosotros.

El Primer Encuentro Internacional de Culturas Andinas convierte a Nariño en Capital Cultural de los Andes de América del Sur. Lo que ha comenzado será seguido por muchos otros encuentros similares en el futuro, pues lo que empezamos tiene vocación de continuidad. Estamos en el “Tiempo de Florecer”.

 Antonio Navarro Wolf.  Gobernador de Nariño. Pasto.

El planeta y el carro

Sólo quien tiene un automóvil sabe lo que eso implica. Si uno quiere que el carro le brinde un buen servicio, hay que ponerle gasolina, hay que revisarle de vez en cuando el aceite, el agua y el líquido de frenos y de la batería. Si le hago todo lo que necesita y aparte le doy una buena pulida, me voy por la calle sintiéndome muy orgulloso de mi carro y es probable que pueda conquistar una muchacha.

Eso que parece obvio a todas las personas, no lo es cuando tratamos el tema del planeta. Si eso que hago por mi carro lo hiciera por el planeta, seguramente viviríamos en forma diferente.

La primera obligación para con el mundo en que vivo es el pago de impuestos, que se deben usar para nuestra educación, nuestra salud y la construcción de la infraestructura. Si no pagamos esos impuestos, ¿cómo podemos esperar que se construya lo que necesitamos?

El mejor pretexto para no hacer ese pago es que los funcionarios se roban el dinero; eso es cierto, pero eso es responsabilidad de las generaciones pasadas y presentes que no nos hemos ocupado de educar para ser honestos y responsables.

Por supuesto que a quienes les toca gobernar tienen su responsabilidad, pero nosotros los ciudadanos no estamos exentos de cumplir con la nuestra. Al mismo tiempo que pagamos nuestros impuestos, tenemos el derecho y la obligación de vigilar que ese dinero sea bien invertido para producir los productos y servicios para nosotros.

El gran problema es que se nos ha dado todo a cambio de nada y nos hemos quedado con la idea de que el mundo tiene la obligación de seguir dándonos todo a cambio de nada.

Cuando a alguien se le ocurre decir que todos debemos pagar impuestos, de inmediato se levantan esos que se dicen nuestros “representantes” o “nuestros defensores” (congresistas) para decir que todos tenemos derecho a la salud, al techo, a la comida, al trabajo y a la seguridad, nunca nos dicen algo de nuestras obligaciones.

Es como decirnos que el carro tiene la obligación de brindarnos el servicio a donde queramos sin que le tengamos que poner gasolina, aceite o agua. El gran problema es que hemos creado la cultura de sólo recibir y no dar nada a cambio y el problema que tienen muchos gobiernos ahora es que no tienen para los gastos básicos.

La palabra “planeta” puede ser sustituida por cualquier otra palabra como familia, escuela, empresa o el nombre de cualquier país.

 Ernesto Partida Pedroza. Ciudad de México.

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