Por: Diego Laserna

En tiempos de guerra cualquier hueco es trinchera

Sale el sol negro del autoritarismo sobre Colombia y no es difícil  imaginarse cómo será el tercer periodo de Uribe.

Chuzadas, Yidis, gritos de “terrorista de civil”  y otros abusos serán pan de cada día sin que haya nada ni nadie que lo pueda detener.  Sin embargo, como en tiemposde guerra cualquier hueco es trinchera, en este caso no puede producir menos que una sonrisa de agrio placer imaginarse qué se le estará pasando a Juan Manuel Santos por la cabeza.

Líder en las encuestas, aclamado por su partido, consentido por los empresarios y finalmente después de muchos esfuerzos, reconocido por el ciudadano de a pie, Santos parecería tenerlo todo para ser el próximo Presidente.  Pero no, contra todo principio democrático e inclusive contra el sentido común, su jefe, el Presidente Álvaro Uribe Vélez decidió atravesársele en el camino y robarle su cuarto de hora.

Hasta ahí ya sería una historia triste, pero para colmo de males a Santos le toca tragarse el sapo y ayudar a sepultar su propio sueño de ser Presidente de Colombia diciendo que su voluntad es colaborar con que el referendo salga adelante.  Tremenda tragedia. A Juan Manuel le tocará quedarse sin helicóptero, sin ministerio, sin presidencia y sin orgullo.

¿Y no será que en el 2014 Santos si puede ser Presidente?

Suponiendo que en el 2014 Uribe no se quiera lanzar otra vez y que todavía existan las elecciones en Colombia (dos cosas que no se pueden asumir),  lo más probable es que el pequeño idilio de la opinión pública con el uribismo haya llegado a su fin y que los caballeros de la mesa redonda del Presidente sean vistos como verdaderos jinetes del Apocalipsis.Que Robin Hood Arias haya sido reducido a una versión chibchombiana de Mini-Me, que Cirano Lozano sea Gargamel y que Lanzarote Santos se transforme en el Grinch, el monstruo que se robó la navidad.

No, ya para el 2014 será demasiado tarde y el país que hoy quiere un Presidente igualito a Uribe querrá uno totalmente diferente y la gran oportunidad de Santos se le habrá pasado por entre las piernas. En una Colombia no uribista, Santos no tiene futuro en la política.

Mientras llega ese día, podrá seguir aparentando satisfacción con el gobierno, disfrutar de una rica cuota burocrática y seguramente de una embajada elegante. Pero debe tener muy claro que la era del héroe presidenciable de la operación Jaque se acabó y que solo volverá a ocupar una primera página si algún juez internacional se molesta en investigar los falsos positivos o si Correa, por fin, le echa mano.

 

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