Por: Luis Carvajal Basto

¿En verdad “cambió el mapa político”? (¿Y fracasaron las encuestas?)

Una mirada superficial a los resultados electorales  podría indicarlo, pero el análisis de los datos señala que, por el contrario, nada cambió tanto. El fuerte mensaje de la opinión para la mala política  ya se había expresado en elecciones anteriores, desde la Ola verde pasando por la consulta anti corrupción, sin mayores consecuencias: nuestros políticos, ocupados en mantener sus curules, tienen escaso sentido  y tiempo para los asuntos de Estado. Han sido incapaces de una reforma política que el país, hace décadas, se debe.

Las victorias de candidatos de coaliciones o “independientes” en Bogotá, Medellín y Cali podrían dar la impresión de un “revolcón” en nuestras conductas políticas. Sin embargo la consolidación del voto de opinión en las principales capitales es ya un fenómeno de décadas. En Bogotá, por ejemplo, hace mucho que las maquinarias, asociadas a los concejales, no ponen alcalde.

Se ha ratificado y ampliado, en cambio, el divorcio entre  partidos tradicionales y   opinión. Esto tiene una explicación elemental: las maquinarias de los partidos, diferentes al sentimiento partidista, han reducido su radio de acción al congreso y las prebendas burocráticas y presupuestales que de él se derivan, convirtiéndose en federaciones de feudos regionales. ¿Y la opinión? Ha sido seducida por nuevas fuerzas  que, sin embargo, no han logrado consistencia institucional e histórica. Recordemos, como ejemplo, que el hoy alcalde Peñalosa, ante quien los Verdes de Claudia López se presentaron en Bogotá como alternativa de “cambio”, fue, hasta 2015, miembro activo y precandidato Verde. Coaliciones y movimientos, en la mayoría de casos, son efímeros: ¿Coaliciones? En realidad son “vacas” electorales.

¿Triunfó la Alianza Verde? En Bogotá, seguro, al alcanzar 12 concejales y alcalde de origen pero respaldada por una coalición que incluyo diversos sectores del Liberalismo, el Polo, Colombia Humana Etc. Lo mismo en Cali. Una verificación de las fuerzas políticas para concejos, sin las distorsiones propias de las coaliciones, nos puede brindar una respuesta más ajustada sobre lo ocurrido.

En principio, la participación estuvo rondando el 60% para alcaldes (60.65%), gobernadores (61.28%), concejos (59.23%) y asambleas (60.19%), una cifra casi calcada de las elecciones regionales en 2015(60.4%).El voto en blanco se situó en un 5%, ligeramente arriba (1%) de las elecciones anteriores. No pareciera que la participación, una de las dos áreas de estudio del comportamiento electoral, hubiera presentado variaciones significativas.

En cuanto a las preferencias políticas, pese a la sonoridad de lo ocurrido en las grandes capitales, incluyendo el triunfo de un candidato independiente en Medellín, se puede llegar a una conclusión similar, si se analizan las votaciones para concejo a nivel nacional, las más significativas para medir las bases electorales: el Partido Liberal perdió solo un punto al pasar de 14.4% en 2015 a 13% en 2019; el Partido Conservador perdió 2, al pasar de 12.3% a 10.3%; Cambio Radical 2 al pasar de 12./% a 10.4%;el Partido de la U casi 4, de 13.6 a 9.9; el Centro Democrático , contrario a lo  afirmado por el mismo ex presidente Uribe, ganó casi 2 al pasar de 6.45% a 7.71%; y la Alianza Verde, considerado por muchos como el gran ganador, tan solo avanzó algo más de 1 punto al pasar desde 7.45% a 9.07%.

En resumidas cuentas no existió  “cambio de mapa”. Las variaciones anunciadas en medios, contrastadas con los hechos, no fueron significativas. ¿Cambiarán alcaldes y gobernadores? Por supuesto, sin que ello implique un cambio del “mapa”  ni de  las costumbres políticas aunque sí de las circunstanciales coaliciones que los eligen.

En cuanto a las encuestas, desde  diferentes orígenes se ha referido  su fracaso. Algunos despistados alcanzaron a proponer su prohibición, siguiendo una lógica que podría llevarles a prohibir  cálculo;  matemáticas o  ingeniería porque algún puente se cayó; o la medicina porque, desafortunada pero invariablemente, médicos y pacientes se mueren. Debemos recordarles que correctamente diseñadas y realizadas, y, por supuesto, muy cerca de la elección, se han constatado, en todas partes del mundo, como un instrumento infalible para medir la opinión en un momento determinado.

Mejor sería afirmar que se equivocaron algunas encuestas, aunque, en general, todas  permitieron identificar  tendencias. En las elecciones de alcalde en Bogotá, Cali y Medellín, los resultados más criticados, empresas como Invamer  acertaron dentro del margen de error, pese a que la muestra se tomó más de 10 días antes de la fecha de elección. Y las encuestas son una fotografía de la realidad y no una bola de cristal. Por añadidura, los encuestadores son matemáticos e investigadores sociales pero no magos. ¿Prohibirlos? Prohibamos, en ese caso, la mala política y los zancudos: los dos son insoportables.

@herejesyluis

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