Por: Antonio Casale

A enamorar sin refuerzos

El reciente contrato logrado entre los equipos de fútbol profesional y los dueños de los derechos de televisión, que supone una mejora sustancial en sus arcas —de cuyo dinero ya comienzan a disfrutar sus beneficiarios: los clubes—, no se va a ver reflejado en refuerzos de renombre para este campeonato.

Pero no es culpa de los equipos, necesariamente. Por un lado, los jugadores colombianos que están en el exterior se resisten a regresar. Algunos porque consideran que su estadía afuera puede ser más larga y otros porque piden cantidades exorbitantes de dinero. Además los que son accesibles lo son porque no tienen un pasado reciente halagador. Sumado a eso, cualquier extranjero de buen desempeño cuesta una cantidad inalcanzable para una economía responsable.

Sin embargo, uno entiende a la gente. A partir de junio tendrán que pagar un dinero que hoy no están pagando (el nuevo modelo es el que rige en prácticamente todo el mundo), pero sus equipos no enamoran . Entonces, ¿cómo cautivarlos?

Hay varias maneras. La primera es trabajar de una forma eficiente en las divisiones menores. La gente prefiere ver jugadores de la casa, que tengan sentido de pertenencia y ojalá de la tierra de donde es su equipo, antes que ver la rotación de forasteros, jugadores que pasan de club en club sin dejar huella.

La otra es practicar un fútbol propositivo. Defenderse es válido, es una manera de jugar bien y así se han escrito grandes historias. Incluso clubes colombianos lo han logrado; basta con recordar al Once Caldas de 2004, que basado en su orden táctico ganó la Copa Libertadores. Pero a la gente en nuestro país le gusta el fútbol alegre, ofensivo, emocionante.

La responsabilidad que tienen los jugadores y los árbitros para que el espectáculo sea agradable es clave. Los primeros en no simular faltas, no quemar tiempo, no discutir más de lo debido y los segundos en lograr que un partido termine once contra once y que pase desapercibido su trabajo.

La experiencia en los estadios tiene que mejorar. Es urgente que los gobiernos municipales y los clubes garanticen que el fútbol sea un plan familiar, seguro y entretenido. Y claro, lo más importante, el resultado. Pero ganar es más probable cuando todo lo anterior se une en torno al objetivo.

En conclusión, es importante no romper el marrano para traer jugadores cuyo rendimiento es incierto, pero es un deber de todos (jugadores, árbitros, entrenadores, directivos y gobernantes) trabajar para que nuestro fútbol siga siendo la mayor fuente de entretenimiento de un país que necesita un campeonato profesional de fútbol que goce de buena salud.

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