Por: Armando Montenegro

Encrucijada

DURANTE AÑOS, LOS INFORMES SObre lo que ocurría en el país eran simples: las cosas malas disminuían y las buenas mejoraban. Unos gráficos se inclinaban hacia abajo; los otros, hacia arriba. El país venía de una gran crisis económica y social. Estaba saliendo de la olla.

Las curvas de la inflación y el desempleo apuntaban hacia el piso. Lo mismo pasaba con los registros de asesinatos, secuestros, asaltos, cultivos de coca y decomisos de droga.

Las cosas buenas no dejaban de mejorar. El crecimiento económico era cada vez más alto; el crédito, la construcción, la producción industrial ganaban dinamismo. La inversión crecía sin parar.

Esa feliz combinación se reflejaba en el ánimo de los colombianos. Las encuestas registraban, mes a mes, su mayor optimismo y confianza en el futuro; daban fe de la certeza de que las condiciones para invertir, consumir y hacer negocios eran favorables. Algunos proclamaron el milagro colombiano.

Hace unos meses anotamos que esa situación iba a cambiar. Era imposible que todo mejorara (o empeorara) en forma indefinida. Unas curvas comenzaban a estrellarse contra el techo; otras contra el piso. Las tendencias cambiaban de dirección.

Uno de los primeros campanazos lo dio Eduardo Posada Carbó en 2007, cuando señaló que las cifras de homicidios, después de varios años de caída, habían sufrido una ligera alza. Aquellas más recientes sobre los cultivos de coca también muestran un irrefutable aumento. La violencia en algunas ciudades está subiendo; algunos delitos registran alzas preocupantes.

Los números de la economía también se apartaron del camino de la perfección creciente. La inflación está subiendo; el desempleo dejó de caer; el crecimiento del PIB en 2008 será el menor en varios años; el comercio, la industria y la construcción han perdido el dinamismo de sus buenas épocas. El crédito y la calidad de la cartera muestran algunos signos inquietantes. Se oyen voces alarmadas.

 Los mejores días de la Bolsa de valores quedaron atrás. Los controles a las inversiones del exterior aseguran una larga sequía en los mercados de capitales.

Nada permite concluir, sin embargo, que ahora todo va a cambiar de signo en forma radical. Que lo que antes mejoraba se va estropear, y viceversa. El país no es una montaña rusa. Unas cosas seguirán por buen camino, mientras que otras empeorarán. Prueba de ello es que en este año, cuando tantas cosas se han dañado, se han producido las mayores bajas a las Farc, algo que compensa varias noticias negativas.

Algunos de los sobresaltos de la economía están relacionados con la situación internacional. Pasaron los auges de Estados Unidos y de varios países latinoamericanos. El dólar cae todos los días y el precio del petróleo va rumbo a los cielos. Todo esto tiene un fuerte impacto en las variables domésticas.

El país está entrando en una etapa compleja, cuyo manejo requiere de mayor destreza e imaginación que en el pasado. Son necesarias nuevas propuestas. Ya no es suficiente con esperar que las curvas sigan un camino predecible; pasó la hora de limitarse a aplaudir y pedir aplausos. Es imposible continuar con ciertas políticas pasivas que pudieron bastar cuando las cosas malas se achicaban todos los días y las buenas no dejaban de mejorar.

~~~

Lamentable lo que sucedió con la discusión sobre la revaluación. La semana comenzó con un interesante debate. Se oyeron propuestas y puntos de vista novedosos. Pero terminó con amenazas de caza de brujas. Se pasó de la macroeconomía a los pecados capitales. El bajo precio del dólar, en opinión de algunos funcionarios, se origina en la codicia y la maldad de varios agentes del mercado.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Armando Montenegro

Duque, 100 días

Gobernabilidad

Primeras reacciones

Bolsonaro y AMLO

Regalías y prioridades