Por: Cartas de los lectores

Encrucijada económica

Encrucijada económica

Cuando se compara la economía colombiana con sus pares de América Latina, se observa el mayor dinamismo de la chilena y la peruana en la última década y en Colombia se hace una apología del supuesto buen manejo macroeconómico que no se ve reflejado en el bienestar de los colombianos que debería ser el foco y único fin de nuestra política económica.

Los mínimos avances en el coeficiente Gini y la perpetuación de los altos niveles de informalidad de nuestra economía en los últimos 30 años demuestran el fracaso de las políticas de los diferentes gobiernos que se encuentran encasillados en un círculo vicioso por controlar la inflación vía tasa de interés sin importar como afecta este estrangulamiento el bolsillo de los colombianos, llevándose por delante no sólo el crecimiento de la economía y la generación de empleo, y ante la falta de visión y previsión no se ahorró en la reciente minibonanza minero-energética y se acude de manera sucesiva e irresponsable al aumento de los impuestos como una salida facilista para mostrar la seudo estabilidad de los agregados macroeconómicos pero en realidad inducen aún más la pauperización de las clases menos favorecidas y vulnerables como ha sucedido con las reformas tributarias de los gobiernos Uribe y Santos.

Estas reformas tributarias mal concebidas e incoherentes frente a la situación económica del país se intentan subsanar con programas de falsa reactivación como los pipes I y II y el peor de todos mal llamado Colombia repunta que por su escasa inyección de recursos resulta un llamado a la bandera, pero los efectos perversos de estas contradictorias microrreformas tributarias han generado el estancamiento grave que atraviesa la economía colombiana en los últimos cinco trimestres, así que no todo se le puede culpar al precio del petróleo.

Siempre han estado confiados los responsables de la dirección de la economía en que la sola devaluación iba a solucionar el déficit de la balanza de pagos, a pesar que el país no ha hecho la tarea del fomento de las exportaciones como si lo hicieron con éxito Chile y Perú al generar una real oferta diversificada.

Y es lamentable que ante la debilidad de nuestra economía y el grito de alerta de la mayoría de gremios económicos, el gobierno se torna indolente e insensible al estar más preocupado por complacer a las agencias calificadoras de riesgo que a las pertinentes propuestas para las clases menos favorecidas que sienten sus bolsillos vacíos y perseguidos por las políticas tributarias confiscatorias que no fijan un límite al desbordado gasto publico lleno de corrupción e ineficiencia como son los subsidios y transferencias regionales sin impacto alguno.

Y claro que hay soluciones a pesar del ciego y sordo gobierno, tiene toda la razón la Andi al pedir una lucha frontal contra el contrabando y el dumping, asimismo es necesaria una rebaja en los intereses de los créditos de consumo de la oligopólica industria bancaria y una reducción de los precios de los combustibles y que decir de los altos cánones del predial, de los servicios públicos y de los peajes, y es útil la petición de Fenalco de una reducción del IVA por seis meses, no importa que a esto lo califiquen de populismo para ocultar su propio fracaso y justificar la ausencia de unas políticas de desarrollo agro industrial y competitividad.

Hay que ser sensible frente a la fragilidad económica, agravada por la llegada masiva de venezolanos, que ya está afectando los niveles de empleo nacional que no se podrá ocultar en el próximo trimestre, entonces para nada sirve la soberbia si de lo que se trata es de concertar un empujón a la economía, y se requieren además otras acciones como cambiar el creciente gasto militar en el último presupuesto de 2018 porque como lo presentó el gobierno Santos pareciera que no hubo Acuerdo de Paz y así será imposible cumplir los rubros económicos del citado acuerdo de La Habana, ojalá el Congreso le dé un giro de fondo a ese presupuesto del 2018.

¿Qué ha pasado con la función de Planeación Nacional en la elaboración de estudios y políticas en estos gobiernos? No puede ser cierto que sólo se ocupa del mal manejo de las regalías, de los colados del Sisbén y de las encuestas sobre la felicidad y el desperdicio de las frutas y verduras, cuando lo urgente e importante es potencializar el desarrollo agropecuario.

Estudiemos el éxito de Chile y Perú para aplicarlo al caso colombiano, pero no sigamos ufanándonos de nuestro manejo macroeconómico, mientras la clase trabajadora siente que la pérdida de poder adquisitivo de sus salarios e ingresos no es un asunto de percepción, y erradiquemos esa mala política de extraerle la sangre a un anémico, para luego darle un vaso de leche que en nada alivia esta patología.

Luis Alberto Correa C.

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