Por: Daniel Pacheco

Encubrimiento mediático

Fe de erratas: en una nota que emitió Noticias Caracol el 10 de marzo de 2012 afirmé que Raúl Cuero tenía 15 patentes registradas.

En realidad, según la Oficina de Información y Marcas de EE.UU., sólo tiene dos. La cifra de 15 patentes fue la versión que el doctor Cuero dio en Washington en ese entonces, cuando en efecto estuvo invitado a hablar en la Asamblea General de la OEA sobre sus Parques de la Creatividad. No contrasté esa cifra, ni la atribuí a la fuente. Fue un error periodístico. Pido disculpas.

No importa que Raúl Cuero sea negro o blanco, rico o pobre, colombiano o gringo. Puede ganarse mañana el Premio Nobel, pero el hecho es que no tiene 15 patentes. Por señalar una serie (larga) de mentiras e imprecisiones acumulados en la hoja de vida del doctor Cuero, al profesor Rodrigo Bernal lo acusan de racista, clasista y envidioso. Y lo peor de todo: ¡los mayores acusadores son periodistas!

Ayer, antes de entrar a prensa esta columna, el New York Times había publicado cinco correcciones en artículos de su página web publicados durante ese mismo día. Desde una aclaración avisando que habían escrito mal el apellido del embajador estadounidense en España en un pie de foto (es Costos, no Costo), hasta una corrección sobre el lugar donde un artículo había afirmado que una compañía energética pensaba invertir US$14 mil millones (es West Virginia, no Virginia).

La máxima, según la cual la primera obligación del periodismo es la verdad es muy pretenciosa, además de epistemológicamente problemática. Digamos entonces que la primera obligación del periodismo es no decir mentiras. Luego vendrá el análisis, el contexto, la pluma fina. Pero antes de todo, este es un oficio de comunicación de la información.

En los medios colombianos hay problemas periodísticos enormes. No por la cantidad de errores que se comenten, sino porque no se reconocen casi nunca. Antes que debates sobre ciencia, o cómo se crean los ídolos, deberíamos estar viviendo un mea culpa colectivo. Porque el de Cuero no es el único caso. Alguien está en mora, por ejemplo, de desnudar al sastre Luis Abel Delgado, el colombiano que apareció en varios medios diciendo que el papa Benedicto XVI lo llamó por Skype para despedirse de él luego de su renuncia. “Muchas gracias Lucho por enseñarme a comer manjar blanco”, dice Delgado que le dijo Ratzinger en una charla de 5 minutos… ¡por favor!

Todas estas mentiras se siguen reproduciendo en Colombia porque los periodistas, los grandes fiscalizadores del poder (como nos regodeamos en autoproclamarnos) somos pésimos fiscalizadores de los medios donde trabajamos. Si uno es de Caracol la regla muda es que no habla de RCN, y viceversa. El Tiempo con mucho dolor a veces reconoce que existe El Espectador, y viceversa. Entre radios ni hablar. El cuarto poder está así secuestrado por una ética del encubrimiento de nuestra propia mediocridad.

 

 

 

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