La importancia de los archivos para construir la verdad del conflicto armado

hace 46 mins
Por: María Antonieta Solórzano

Encuentros de pareja: ¿cuerpo o conciencia?

Los encuentros románticos entre un hombre y una mujer pueden ser efímeros o duraderos. Cuando son pasajeros la atracción inicial o la química entre ambos será suficiente. En cambio, cuando se trata del compañero de vida, la química tendrá que integrarse con la conciencia.

Al escoger pareja —una de las decisiones cruciales en la vida de las personas— hacemos todo un ejercicio de conocimiento, compatibilidad y construcción amorosa con la otra persona. Allí, buscar la sintonía y afinidad entre las emociones y valores de los interesados, sentir apoyo y contención frente a la propia vulnerabilidad, experimentar la intimidad sexual de forma placentera, expresar las propias necesidades y construir acuerdos, serán, entre otras cosas, las grandes tareas de la conciencia.

Frente a esta realidad, ¿qué es lo que nos pasa que todavía hay personas que creen que toda esta alquimia depende exclusivamente de la talla o del volumen del cuerpo femenino?

Para la prueba un botón. Recientemente la periodista Alejandra Azcárate, en su artículo “Las siete ventajas de la gordura”, propuso, en sencillo, que la talla de una mujer determina su autoestima y el destino de sus relaciones de pareja. Según ella, las mujeres delgadas serán amadas, exclusivamente, por ser delgadas y, en cambio, las gorditas no conocerán el amor de pareja ni efímero, ni estable.

¡Qué grave y peligroso pensar de una manera tan patriarcal y machista acerca del cuerpo de la mujer y del fundamento de las relaciones de pareja! El planteamiento de la periodista también deja mal parados a los hombres, pues tal y como ella los ve, un hombre es incapaz de ver más allá del cuerpo de una mujer, no le interesa ni el sentido de la relación, ni la comunicación, ni sus propias necesidades afectivas. El encuentro tiene que ver con los kilos de la mujer.

Aunque gracias a la liberación femenina y a los movimientos de las nuevas masculinidades, las mujeres y los hombres en sus encuentros valoran la intimidad sexual como una experiencia en la que el trato y el mutuo aprecio cuentan, es lamentable ver que todavía existan, en plena modernidad, rezagos de ideas arcaicas, de mundos patriarcales donde las mujeres eran sólo cuerpos destinados a la maternidad o al “placer” sexual del hombre.

Hoy en día, la mujer se ha hecho dueña de su cuerpo; éste no es solamente un vientre para tener hijos, ni un símbolo de prestigio para ser exhibido. Los cuerpos que las mujeres habitan hablan de su libertad, de su autenticidad, de su derecho a ser amadas y, además, como muchos hombres lo han entendido, de sentirse interlocutoras válidas en la construcción de la sociedad y de las familias. Queda atrás pensar que es legítimo que una mujer sea un objeto de complacencia en manos del hombre cavernícola.

 

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