Por: Jorge Tovar

Enfermedad de costos en el fútbol

El fútbol es hoy un espectáculo costoso. Según la BBC, en Inglaterra entre 2011 y 2014 el precio para asistir al estadio aumentó el doble que el costo de vida. William Baumol, por años candidato al Premio Nobel en economía, dejó para la posteridad una teoría que quizás sirva de hipótesis para explicar los altos costos de asistir al estadio: la enfermedad de costos.

Definamos productividad como el número de horas que se tarda en producir un producto, por ejemplo, un computador. En su artículo de 1965 con W. Bowen en el American Economic Review se preguntaron por qué un violinista contemporáneo ganaba más que 100 años antes, si el producto por hora de tocar un cuarteto de Schubert en una sala estándar de conciertos había permanecido relativamente constante en el tiempo. O, podría uno añadir, ¿por qué es más alto el salario de un futbolista hoy día si, como ayer, su función es correr 90 minutos?

Baumol explicó que hay sectores cuya productividad crece constantemente –la industria de computadores, por ejemplo–. Esto contrasta con otros sectores, generalmente asociados a los servicios, donde la productividad se ha mantenido relativamente estable. Ponía como ejemplo salud, educación y por supuesto a los artistas. Incluyamos el fútbol.

En una economía con dicha estructura, la producción por hora en el sector productivo va a crecer más rápidamente que los salarios, con los cual los costos por trabajador van a caer. En otras palabras, mayor productividad lleva a menores precios y mayores salarios simultáneamente. En el sector de alta productividad el incremento en salarios no se traduce en mayores precios, pues la productividad compensa ese incremento en costos. Piense en la producción de computadores.

En el sector de productividad constante, en cambio, los salarios aumentan para garantizar que existan trabajadores que quieran trabajar allí. Caso contrario, con salarios bajos –pudiendo ir al sector de salarios altos–, eventualmente nadie trabajaría en el sector servicios. Pero el incremento de salarios se traduce en mayores precios, pues no hay productividad que compense ese incremento de costos. De ahí el término enfermedad de costos. Mayor productividad va a disparar los salarios y los precios en otros sectores. Este proceso podría relacionarse con el crecimiento de los precios de las entradas o abonos en el fútbol.

Un contraargumento es que a medida que la economía se “robotiza” de tal manera que sectores de servicios se vuelvan más productivos, la hipótesis de Baumol se desactiva. El argumento es potencialmente válido por ejemplo en taxis. Pero aun así, a medida que bajen los precios , los consumidores tendrán una mayor disposición de dinero para consumir productos de los otros sectores, los de baja productividad, generalmente intensivos en mano de obra.

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