Por: Paloma Valencia Laserna

Enfermedades que revelan las elecciones

Las elecciones dejan al descubierto una seria crisis que afecta los pilares fundamentales de la democracia colombiana.

La descentralización requiere un proceso de maduración de las ciudades y los departamentos, llamados a superar la dependencia hacia el Estado central. Aquel proceso que parecía difícil, se complejizo tanto, que ahora es imposible saber cuánto tiempo tomará en ajustarse. La política hoy, como lo dijo Martínez Sinisterra, es un negocio mejor que el narcotráfico. Por eso, los hijos de los delincuentes, los avalados por las mafias, los investidos de poderes económicos o violentos; están remplazando a los Quijotes que luchaban por ideales.

Muestra esta elección que la política en Colombia es y sigue siendo personalista. Los triunfos son difícilmente aducidles al ejercicio de los partidos. Los ganadores son todos, personalidades que por diversos motivos pueden ganar la elección. Unos, como Guerrero en Cali, porque la ciudad ya no tolera más caos, otros por tener nefastas influencias detrás que les dan acceso ilimitado a dinero.

Los partidos políticos se alejan de su función; las reformas tendientes a fortalecerlos, sólo han servido para reforzar a los parlamentarios, que se convierten -cada vez más- en los dueños de los partidos en su zona. Las alianzas no guardan ninguna coherencia ideológica, cambian de ciudad a región. Los partidos no tienen una visión nacional sino electorera. La preocupación por seleccionar los mejores candidatos fue remplazada por el cálculo oportunista de saber quien tiene posibilidades de ser elegido para unirse a esa causa. Las consideraciones sobre el bienestar social y la discusión de las políticas de largo plazo quedaron sepultadas bajo el conteo de la reposición de votos, los puestos de las alcandías y en algunos casos, lo que se le puede sacar a un cargo público. Los partidos son vehículos de avales, y por eso no sorprende que la mayor votación del país tanto en gobernaciones como alcaldías la obtuvieran los movimientos por firmas, que superaron los 4 millones de votos, mientras el partido que les siguió tiene la mitad.

La desaparición del Partido Conservador era previsible. La corrupción de sus directivas y los escándalos en los que estaban sumidos sus congresistas tuvo la consecuencia anunciada: la derrota; una sola gobernación, la del Putumayo. Perdió 50 alcandías y la única importante; la de Popayán; la obtuvo con el escaso margen de 28%. La situación de la U, en cambio, es sorprendente; se decía que la alianza liberal iba a destruir la U, y que tal vez estas eran sus últimas elecciones. No fue así; alcanzó 4 gobernaciones, 5 más con apoyo y creció en 40 alcaldías. Paralelamente, los liberales se configuraron como la otra fuerza importante en el país con 6 gobernaciones.

Lo más preocupante de las elecciones es la falta de acceso de los jóvenes. El voto preferente abrió la puerta para que los juventudes o las personas sin trayectoria política pudieran hacer parte en las listas de Concejo y Asamblea con la ilusión de que el voto de opinión los favorecería. Los resultados no son alentadores; muchas promesas de la política quedan quemadas a pesar de su esfuerzo y su increíble número de votos. Las votaciones a los cabildos siguen dominadas por unos cuantos que se reeligen sin merito ni gloria. Tenemos Concejos y Asambleas siempre al servicio de quien gana Alcaldía y Gobernación a cambio de lánguidas prebendas. Estamos construyendo una cofradía en las corporaciones públicas que no se renueva, que tampoco cumple su función como debiera y que se convierten en profesionales de conservar la curul.

Muchos otros vicios se dejaron ver: la compra de votos, la trashumancia electoral, el fraude en los conteos, los tarjetones marcados, los jurados parcializados… El país tiene que hacer un esfuerzo por recuperar la política para el servicio de la Nación y no de los intereses de unos cuantos; es necesario, entonces, reflexionar sobre cómo y para qué estamos votando. Los votantes y los abstencionistas somos responsables de quién nos gobierna.

www.palomavalencia.blogspot.com

 

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